El invitado incómodo

Más allá de la voluntad y propósitos de los que han protagonizado el último par de años de nuestra historia, no cabe duda de que en el centro del escenario se instaló para quedarse un auténtico convidado de piedra: la incertidumbre.

La verdad es que llegó mucho antes de que se prometiera “meterle inestabilidad al sistema” y desde luego lo hizo acompañada de sus consecuencias.

El reciente Informe de Política Monetaria del Banco Central responsabiliza al incremento de la percepción de riesgo de nuestra economía como el principal factor detrás del aumento de casi 300 puntos base de la tasa de interés a 10 años registrado durante este año. Las fluctuaciones en el tipo de cambio, un ambiente de fuga de capitales, expectativas deprimidas en materia de inversión, crecimiento, creación de empleo… síntomas no faltan.

De hecho, en la última encuesta de percepción de negocios del Banco Central, el 70% de las empresas consultadas indican que no creen que realizarán inversiones durante el próximo año. De las que no realizarán inversiones, el 56% indica que es porque la situación política es muy incierta.  En resumen, es la política la que hoy en buena medida está condicionando nuestra capacidad de crecimiento. 

¿Disiparán los resultados de hoy esa incertidumbre? Lo más probable es que no. Cualquiera sea el nombre del próximo presidente de Chile, quedarán muchas preguntas sin responder. Al menos planteo cuatro.

Primero. ¿Cuál de las variantes conocidas de los programas de gobierno se impulsará realmente? ¿Alguna de las versiones tardías y moderadas o alguna de las más espontáneas conocidas durante la primera vuelta?

Segundo. ¿Cuál será la evolución de la violencia y su rol en nuestra realidad política, económica y social, no sólo en la macrozona sur del país, sino por la cada vez más extendida violencia asociada al narcotráfico, la delincuencia urbana y sobre todo la violencia cuyo propósito directo es presionar al sistema político? ¿Qué actitud adoptarán quienes practican, impulsan o legitiman esta última, frente al gobierno electo?

Tercero.  El trabajo en desarrollo de la Convención Constitucional también aporta lo suyo. Recién para septiembre está previsto el plebiscito de salida, en la medida que al 4 de julio se cuente con un texto aprobado por los 2/3 de los convencionales. Recién entonces se despejarán interrogantes relativas a cuestiones tan básicas como si el Presidente y el Congreso terminarán el período para el cual fueron electos, o gatilladas por planteamientos instalados en los límites del sentido común como hacer de la Constitución un instrumento para el decrecimiento de nuestra economía. Por lo demás, cualquiera sea el texto aprobado al final del proceso, durante los próximos años se deberán modificar múltiples cuerpos legales para adaptarlos a la nueva Constitución e implementar los cambios acordados, con espacios potenciales de incertidumbre legal, riesgos de judicialización y dosis de parálisis.

Cuarto. En cuanto al Congreso recién electo, si bien tras los resultados de las elecciones se instaló la visión de una composición equilibrada, con el Senado empatado, es razonable mirar con atención su conducta en dos dimensiones en las que los últimos años han dejado planteadas dudas centrales: la voluntad real de respetar el orden institucional, la Constitución y sus propios reglamentos y la coherencia y unidad real con que actúen las diversas coaliciones políticas. Eventualmente el tan citado empate, en la práctica no sea tal.

La incertidumbre que desde la política condiciona las posibilidades de progreso de los chilenos no terminará el día de hoy. Sin duda mañana lunes los mercados abrirán entregando señales de su lectura de lo que los resultados de hoy significarían y cómo anticipan será el escenario futuro. Pero el convidado de piedra seguirá instalado en el escenario.

 

Columna de Bettina Horst, Directora Ejecutiva, publicada en El Mercurio.-