¿Bajar los impuestos? Claro que se puede

De acuerdo a los datos de taxfoundation.org, en 1980 las tasas de impuestos corporativos en el mundo promediaban el 40,1% de la utilidad. Desde entonces, los países han reconocido el negativo impacto que tienen las altas tasas de impuestos corporativos en las decisiones de inversión empresarial, de modo que en 2020, el promedio para 177 jurisdicciones fiscales distintas  es ahora del 23,8%. Destacan casos como el de Irlanda, que redujo la tasa desde 24% en 2000 hasta 12,5%, lo cual no solo atrajo inversión desde toda Europa, sino también le permitió a dicho país exhibir una de las tasas de crecimiento más altas de esa zona de los últimos años. De igual manera, la rebaja realizada en Estados Unidos aceleró el crecimiento de una manera sustancial y solo la pandemia logró frenar ese dinamismo.

En el caso de Chile, seguimos ese camino durante los ochenta y es así como la tasa a fines de esa década era de 10% sobre las utilidades retiradas. Esto significa que, si usted, emprendedor, reinvertía todas sus utilidades en hacer crecer su negocio, no tenía que pagar nada de impuesto a la renta. Solo si sacaba ese dinero para su uso personal debía pagar el global complementario correspondiente. Lamentablemente, eso fue cambiando y hace una década el impuesto corporativo chileno ya estaba en 17%. Hoy ya es 27%, por sobre el promedio de la OECD.

Actualmente, un candidato presidencial, José Antonio Kast, ha propuesto bajar el impuesto corporativo en 10 puntos, volviendo a la situación de hace una década, y ha generado un intenso debate en donde algunos no solo se manifiestan contrarios, sino que abogan por nuevos incrementos. Lamentablemente, durante los últimos gobiernos el alza de los impuestos ha sido una constante y, de hecho, en la actual administración, aunque la reforma tributaria del ex ministro Larraín sí contenía incentivos a la inversión, su reemplazante, Ignacio Briones, tomó esa iniciativa legal y terminó elevando nuevamente los tributos. Es más, el actual ministro Rodrigo Cerda envió un proyecto de ley corta de pensiones que eleva nuevamente los impuestos.

Bajar los impuestos tiene efectos dinámicos sobre las decisiones de ahorro e inversión y eleva el monto de recursos disponibles para financiar nuevos proyectos. A su vez, todos esos proyectos de inversión tienen una tasa de retorno 10 puntos más alta que antes, gracias a la menor presión tributaria. Así, creer que es posible bajar la tasa de impuestos y que el crecimiento económico seguirá igual es tan absurdo como el planteamiento de Boric de que puede subir la carga tributaria en 8% del PIB y que todo seguirá igual. Por el contrario, bajar los impuestos corporativos desatará una revolución de inversión y con ello el ritmo de expansión de nuestra economía se acelerará sustancialmente.

Por último, es necesario cuadrar la caja fiscal y para que esta rebaja sea sostenible es necesario que el gasto público haga un esfuerzo, reduciendo el número de ministerios y concentrando las tareas públicas. Hay numerosos estudios que dan cuenta del espacio que existe para que el Estado cumpla con sus responsabilidades utilizando una menor cantidad de recursos. De esta manera, es posible bajar la presión tributaria, estabilizar la deuda pública y acelerar el crecimiento de nuestra economía. Lo hemos hecho en el pasado y lo volveremos a hacer.

Columna de Tomás Flores, Economista Senior, publicada en El Líbero.-