Paga lo que debes

El Ministerio de Hacienda ha anunciado la emisión de nueva deuda pública por US$ 13 mil millones, lo que probablemente será una de las emisiones más grandes de nuestra historia, y simultáneamente se realizará un retiro cercano a US$ 4,8 mil millones desde los fondos soberanos, esto es el ahorro previo que teníamos para enfrentar crisis como esta. Para tener una referencia, en la crisis subprime de 2009 se usaron US$ 9,3 miles de millones de los fondos soberanos y hubo un mayor endeudamiento público de US$ 2,5 miles de millones aproximadamente, lo que da cuenta del gigantesco impulso fiscal que ha implementado la autoridad durante el presente año.

La mayor deuda pública y el uso de los ahorros fiscales han sido el soporte de un aumento sustancial del gasto público, ya que de un presupuesto normal que bordeaba los US$ 75 miles de millones, es probable que este año se terminen gastando más de US$ 95 mil millones. Esto genera un déficit fiscal histórico, que bordeará el 10% del PIB. Este esfuerzo debe comenzar a retirarse paulatinamente en la medida que la economía, gracias a la vacunación masiva, comience a dejar atrás las cuarentenas y con ello vuelva la inversión y el empleo. De hecho, en ese escenario, el gasto público 2021 debería bajar en cerca de 20% para iniciar la convergencia fiscal y la estabilización dela deuda pública. Dicha variable ha subido sin cesar, ya que en 2010 el stock de deuda pública bruta era de 8,6% del PIB, mientras que para el cierre de este año se llegaría a 33% del PIB, lo que en el 2025 se empezaría a estabilizar en torno a 40%. Todo lo anterior si es que en el presupuesto 2022 se inicia el proceso de ajuste.

Sin embargo, creo que ello es de baja probabilidad, ya que sin duda el ministro Cerda enviará un proyecto de ley de presupuesto 2022 con el ajuste correspondiente, pero el actual Congreso lo rechazará transversalmente exigiendo la prolongación de las transferencias más allá del presente año. Si el IFE ampliado, que hoy implica un gasto cercano a los US$ 2,8 miles de millones por mes, se perpetúa en el tiempo, el escenario fiscal será sustancialmente más complejo. De hecho, lo habitual en los cambios de gobierno es que la administración saliente deje un fondo de libre disponibilidad al Presidente entrante para que pueda inmediatamente poner en marcha su programa de gobierno. Nada de eso ocurrirá y el próximo ministro de Hacienda abrirá la puerta de su oficina y se encontrará con cajas llenas de facturas por pagar.

Si la Ley de Presupuestos 2022 no da inicio a la normalización del gasto público, la trayectoria de la deuda pública será sustancialmente distinta de la actualmente proyectada y fácilmente podemos superar el 50 o 60% del PIB en el mediano plazo, tal como le ha ocurrido a Colombia con las crecientes dificultades para lograr obtener recursos frescos y tener que dedicar cada vez más recursos al pago de los intereses correspondientes.

 

Columna de Tomás Flores, Economista Senior, publicada en El Líbero.-