NO MÁS PRETEXTOS

El presidente del colegio de profesores ha manifestado su reticencia a retornar a las aulas en marzo, a pesar del inicio anticipado de la vacunación. Aunque la última elección de este organismo contó con la participación del equivalente a apenas un 7% de los docentes totales que ejercen en el país –y éste obtuvo una votación equivalente al 2% para ser elegido-, sus declaraciones perjudican la cruzada que en paralelo miles están dando para abrir las escuelas y poner a disposición de los niños un espacio que se ha demostrado es insustituible, especialmente para los más vulnerables. Según el dirigente, el problema estaría ahora en el transporte público. Pero si no fuera por éste, seguro buscaría algún otro pretexto; fue la tónica en 2020 y al parecer lo seguirá siendo en 2021.

Los estudios internacionales indican que las clases presenciales son seguras cuando la transmisión comunitaria del virus está más o menos controlada y cumpliendo los protocolos que en el caso de nuestro país ya han sido planificados por la totalidad de los colegios. En 2020 éstos permitieron que en los establecimientos que abrieron sus puertas no hubiera brotes. Frente a ello y al daño que el cierre está ocasionando en el desarrollo de los niños, cuesta comprender la intransigencia del gremio docente.

Pero a quienes seguimos con atención el debate educacional, este episodio no nos sorprende. En especial en la última década, éste se ha plagado de este tipo de pretextos, los que han llevado a evadir una y otra vez el origen de cada una de las problemáticas que aquejan al sector, imputando responsabilidades donde no las hay y liberando a quienes verdaderamente tienen el poder para incidir en ellas. Es así como años atrás fue el malvado lucro que nadie nunca pudo demostrar o la cruel selección académica, dos elementos que dieron paso a complejas reformas que hasta hoy no han producido efecto positivo alguno sobre la enseñanza. Del mismo modo, se suele recurrir a excusas como la presión que impondría el Simce y el Sistema de Aseguramiento de la Calidad o las limitaciones del sistema de financiamiento vía subvención por asistencia.

Pero dejemos de engañarnos y, en especial, de engañar a las familias chilenas. La fuga sostenida que éstas han protagonizado desde la educación pública y en general el estancamiento que exhibe el sector, no se explica por ninguno de esos motivos, sino por aquello que se devela con la actitud del mismo presidente del colegio de profesores: el que la educación se haya convertido en el escenario propicio para que determinados grupos se dediquen a proteger y extender sus intereses y, en especial, a librar sus batallas políticas. Basta de pretextos; los niños del país necesitan hoy más que nunca que, tal como se ha logrado hacer en el ámbito de la salud, se dejen los egoísmos de lado y se permita trabajar a quienes tienen la voluntad de alinearse por su bienestar y su futuro.

Columna de María Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social, publicada en La Tercera.-