El tercer golpe, ¿el definitivo?

El 18 de octubre del año pasado se inicia, de manera casi simultánea, el ataque incendiario a las estaciones del Metro, lo que en los días siguientes se propaga a infraestructura pública y privada, con consecuencias devastadoras sobre la economía chilena. Es así como el PIB del cuarto trimestre termina cayendo a pesar de que el mundo estaba en franca recuperación.

Ese primer golpe fue sustancial sobre la economía: infraestructura pública y privada destruida con daños por US$4.579 millones -Metro debió gastar cerca de US$255 millones para reconstruir las estaciones incendiadas- y pérdidas para el sector comercio por saqueos, destrucción de locales y lucro cesante de cerca de US$1.400 millones.

En marzo pasado viene el segundo golpe, cuando la pandemia llega a Chile y se inician las cuarentenas. Este ha tenido consecuencias devastadoras y es así como el PIB caerá cerca de 5% durante el 2020, mientras que 1,8 millones de personas habrán perdido su empleo. Hemos tenido que ocupar los ahorros fiscales y además incrementar la deuda pública, retrocediendo en décadas los avances que habíamos logrado. Afortunadamente, el sistema sanitario público y privado ha logrado enfrentar este segundo golpe sin que se colapsen los servicios de urgencia.

Los dos primeros golpes han sido gigantescos, y antes de lo que imaginábamos se ha presentado un tercer golpe a partir del rebrote de la violencia subversiva: en los últimos días hemos vuelto a presenciar el horror que habíamos olvidado parcialmente por la pandemia. Es así como en el barrio que rodea la Plaza Baquedano ha vuelto a la pesadilla que todos queríamos dejar atrás. Respecto a dicha zona, Máximo Picallo, Presidente de la Asociación Chilena de Gastronomía (Achiga), señala que en hay tres sectores emblemáticos para el rubro gastronómico: Barrio Bellavista, Barrio Lastarria y los restaurantes de la zona de la plaza, sumando cerca de unos 200 locales, de los cuales cerca del 50% se iría a la quiebra de persistir la violencia.

En este tercer golpe, tal como ocurrió con el primero, no hay un rechazo trasversal contra la violencia y es alarmante que ante la queja de un vecino del Barrio Lastarria ante las fogatas que se observaban desde la ventana de su departamento, recibe recomendaciones por parte de las redes sociales de que deberá emigrar de su casa. Actitudes similares fueron observadas a fines del año pasado cuando algunos consideraban que exigir bailar para pasar con un vehículo era algo simpático que no implicaba ninguna libertad ni dignidad de las personas.

Así, el resurgimiento de la violencia constituiría un tercer golpe a la economía chilena que ve con esperanza la posibilidad de tener las primeras cifras azules en el último trimestre del año. Si la violencia vuelve, nada de eso ocurrirá y los millones de desempleados tendrán que seguir esperando.

 

Columna de Tomás Flores, Economista Senior, publicada en El Líbero.-