Mayor complejidad

La semana pasada tuve la oportunidad de escuchar un interesante diálogo entre el expresidente Ricardo Lagos y el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, en el marco del ciclo Conversaciones con Impacto de la UDD. Fue una conversación profunda entre un político joven, que ha debido lidiar con coyunturas extremadamente difíciles y sin precedentes, y otro, veterano de mil batallas, que ha hecho sin duda grandes aportes a nuestra democracia.

Por lo mismo, cuesta entender la ácida crítica de Carlos Peña al ministro del Interior en su última columna, a propósito de una analogía futbolística utilizada por el jefe del Gabinete. En primer lugar, porque cita una frase puntual en forma descontextualizada (las preguntas periodísticas fueron precisamente en jerga futbolera). Y en segundo lugar, porque desprende de una analogía particular, buena o mala, una concepción específica del quehacer público por parte del ministro (el que sería 'pueril y superficial'), la cual no se condice con el alcance de sus actuaciones a cargo de la cartera del Interior. Una evaluación justa de dichas actuaciones solo se tendrá con el tiempo, pero es un hecho de la causa que durante su mandato se han logrado encauzar institucionalmente las crisis más graves experimentadas en nuestra historia reciente, mediante el acuerdo constitucional de noviembre y el acuerdo social y económico para enfrentar la pandemia. Tampoco es menor el proceso de reforma a Carabineros, que ha permitido avanzar progresivamente en la recuperación de la confianza en la institución, así como en el orden público, elementos vitales para nuestra convivencia democrática.

A Carlos Peña le consta mi admiración por su excepcional lucidez e inteligencia, que, a mi juicio, han contribuido a nuestro debate público con profundidad y siempre rehuyendo el simplismo. Creo que el análisis de la función desempeñada por el ministro del Interior también merece mayor complejidad.

Carta de Lucía Santa Cruz, Consejera LyD, en El Mercurio.-