Una lectura del cambio de gabinete

Lo más relevante de este cambio es lo que no pasó. Al confirmar a Jaime Mañalich como ministro de Salud, el Presidente Piñera notifica al país que quien tiene su confianza para enfrentar el principal problema que enfrenta Chile hoy es el actual titular de esa cartera. Confía en que, por conocimientos y carácter, el actual ministro es quien mejor puede sacar al país adelante en estos duros momentos. Al mismo tiempo, Gonzalo Blumel en Interior e Ignacio Briones en Hacienda continúan conformando el eje del gabinete y, ya lo sabemos, el Presidente se siente cómodo trabajando con ellos.

¿Por qué tenía que salir entonces Sebastián Sichel, el ministro mejor evaluado? Pareciera que la decisión se tomó mirando hacia adentro y la respuesta a la pregunta que se hace la gente está en los equilibrios internos. Con Renovación Nacional fuera del equipo político y Mario Desbordes cada vez más independiente, Piñera necesitaba una presencia más orgánica de ese partido en el gobierno. Cristián Monckeberg tiene experiencia y le dará protagonismo a RN en un ministerio que tendrá un rol importante en lo que viene, porque la ayuda social estará en el centro de la acción del gobierno y ese es un lugar ideal para un político.

La incorporación de Claudio Alvarado a la Segpres viene a reforzar la delicada e importante tarea del ministro de Hacienda, quien tendrá que lograr la aprobación de un Congreso con mayoría opositora a proyectos de ley para materializar la protección de ingresos a las familias, la reactivación económica y la convergencia fiscal. Si bien Briones ya ha iniciado el trabajo prelegislativo, la negociación será difícil y Alvarado está graduado en esa cátedra.

Pero los equilibrios en la alianza de gobierno requerían también que la UDI mejore su posición interna, de manera que Felipe Ward continuará en el gabinete en una cartera, Vivienda, que también aprecian los políticos; y los gremialistas quedan con un ministro más que el que tenían antes de este ajuste. ¿Quién paga el pato? Un independiente, pese a la buena evaluación que la ciudadanía tiene de él. Pero en la cruda política, los partidos defienden con dientes y uñas a los suyos y Sichel no tiene partido que lo defienda. La prueba de que el saliente ministro de Desarrollo Social no tenía una mala evaluación es que se le nomina presidente de BancoEstado, desde donde seguirá presente en la tarea de apoyar a los necesitados.

Así son los códigos de la política. La apuesta es que los equilibrios en la coalición gobernante y la unidad, traerán beneficios mayores que las pérdidas por la salida de Sichel.

Y si de equilibrios se trata, Evópoli, el partido de Blumel y Briones, no se puede quejar. Continúa en el eje de las decisiones del gobierno, en un diseño que podría funcionar mejor. ¿Todos ganan? Suena ambicioso, pero en una de esas.

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo asesor de Libertad y Desarrollo, publicada hoy en La Tercera.-