ZORROS Y ERIZOS EN LA PANDEMIA

Producto del miedo se está extendiendo la creencia, sobre todo entre algunos alcaldes, de que el Gobierno debe tener como objetivo único y absoluto la lucha contra el covid-19, en lo posible por medio de una cuarentena general, y olvidar toda consideración por las consecuencias materiales que una paralización total traería consigo. Se ha llegado —en la absurda confianza en la infinitud de los recursos— a afirmar que preocuparse de la economía sería “economicismo”, “consumismo”, “materialismo” y, peor aún, “un intento por sacrificar a los trabajadores en beneficio de los empresarios”.

Esto me ha traído a la mente las enseñanzas de Isaiah Berlin respecto a la complejidad de las opciones que siempre debemos hacer, tanto en la vida personal como en la política. ¿Qué tiene que ver Berlin con la pandemia? Pues bien, de él, como estudiante y luego a través de la vida profundizando en sus textos, aprendí muchas cosas, pero una ha sido un lente que me ha permitido entender mejor al ser humano, la sociedad y, en consecuencia, la complejidad de la política. El ser humano, insistía, al contrario de lo que sugieren los pensamientos totalitarios que creen poseer la verdad única y la solución final para los problemas humanos, aspira a muchos bienes distintos: libertad, igualdad, justicia, misericordia, espontaneidad, seguridad, felicidad y conocimiento, entre otros. La cuestión es que la mayoría de las veces ellos son incompatibles, colisionan entre sí y son imposibles de lograr al mismo tiempo en forma coherente y en completa armonía. Por eso es preciso hacer opciones, transigir, adecuar y priorizar, sabiendo que el sacrificio de un bien puede acarrear costos trágicos y, además, no es nunca posible tener la certeza absoluta de cuál es el fin último deseable, pues necesariamente los fines son múltiples y todos ellos legítimos.

En “El zorro y el erizo”, Berlin estudia los dos tipos de artistas e intelectuales que él reconoce en la literatura, y afirma que hay un abismo entre unos, los erizos, que relacionan todo con una visión única, coherente y articulada, en torno a la cual piensan y sienten, y que usan como principio organizador de todos sus pensamientos y conductas. Y otros, los zorros, que persiguen muchos objetivos distintos, tienen un pensamiento más difuso, se mueven en muchos niveles, y son capaces de entender la esencia de una variedad de experiencias y temas; y, en lo fundamental, rehúyen someterse a una visión fanática única. El erizo sabe mucho de una sola cosa, y el zorro entiende de muchas distintas.

Qué duda cabe (y lo sabemos bien quienes pertenecemos a grupos de mayor riesgo) que enfrentar la pandemia con la mayor efectividad posible es hoy una prioridad, aunque los medios son discutibles y en gran medida dependen del ensayo y del error, porque, al contrario de lo que muchos sostienen, no existe una solución comprobada que sea única y definitiva. El problema es que los erizos, que abundan en nuestro país, creen posible que el Gobierno prescinda de su obligación moral de minimizar la devastación económica que la epidemia traerá consigo. Y es allí donde surgen las preguntas: aquellos que vivieron el Chile anterior al crecimiento económico y a la superación notable de la pobreza, ¿no se acuerdan de lo que esa pobreza significaba? Y esos jóvenes, tan protagonistas en la actualidad, ¿no entienden lo que implicaba la pobreza masiva, con sus miles de niños muertos o con daños cognitivos irreversibles por desnutrición, o que no asistían al colegio por hambre? ¿Ignoran la desesperanza de una pobreza denigrante, los cesantes sin ninguna capacidad de negociación, sin expectativas, dignidad, autoestima o autonomía personal?

Yo, al menos, agradezco no estar gobernada por “erizos” sino por “zorros”, que hacen malabares para que todos podamos respirar, pero también comer.

Columna de Lucía Santa Cruz, Consejera de Libertad y Desarrollo publicada en El Mercurio.-