Un marzo sin violencia

Nunca la economía y la política habían estado tan unidas como en este momento, ya que el fracaso de la autoridad en mantener el orden público puede llevarnos a que el 2020 sea un año perdido para la economía chilena.

El Banco Central dio a conocer el resultado del Imacec de enero, en donde la economía chilena creció 1,5%, apoyada por la minería, la cual incrementó su producción en 2,2%, mientras que el resto de la economía lo hizo en 1,5%. Estos resultados fueron levemente superiores a lo proyectado, lo que ha generado en el contexto actual cierto optimismo, a pesar de que la cifra, en una mirada más amplia, es bastante mala.

Efectivamente, si miramos las cifras a septiembre pasado, el Imacec no minero crecía a un ritmo anualizado de 2,9% y exhibía una reactivación importante luego de un primer semestre muy afectado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China. En sintonía con lo anterior, el mercado del trabajo daba señales de mejoría y el empleo por cuenta propia retrocedía gracias a la mayor creación de empleos en el sector formal, es decir con contrato de trabajo y seguridad social.

Todo lo anterior cambia radicalmente a partir del 18 de octubre pasado y los indicadores dan cuenta de ello. De hecho, de haberse mantenido la normalidad, el desempleo bordearía en este momento un 6,3% en lugar del 7,4% que reportó el INE la semana pasada, mientras que el crecimiento del Imacec bordearía el 3% y nuestra principal preocupación sería el efecto del coronavirus sobre nuestro país. En cambio, ahora nos preocupa si será incendiada la estación de metro que ocupamos todos los días o si perderemos el trabajo porque la empresa donde trabajamos fue saqueada. Esto marca la relevancia del orden público para el normal funcionamiento de la actividad económica, ya que si la autoridad logra que marzo sea un mes sin violencia podremos comenzar a corregir las proyecciones al alza con un menor deterioro del empleo y de las inversiones.

En el evento contrario, en donde la violencia se desborda nuevamente, estaremos en la peor de las situaciones, ya que el desplome de la demanda agregada -consumo e inversión- se acoplaría con el mal momento que pasa el comercio exterior debido al coronavirus, lo cual podría llevar a que nuestro país tenga un nulo crecimiento anual con el consiguiente deterioro sustancial del mercado del trabajo. Afortunadamente, el impacto del virus es transitorio y los mercados internacionales se recuperarán a fines del primer semestre, pero nuestra situación doméstica seguiría muy afectada si la violencia retorna.

Es habitual que la política y la economía estén entrelazadas, pero probablemente nunca lo habían estado tanto como en este momento, ya que el fracaso de la autoridad en mantener el orden público puede llevarnos a que el 2020 sea un año perdido para la economía chilena.

Columna de Tomás Flores, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en El Líbero.-