OJOS QUE NO VEN…

En el último tiempo han surgido con cada vez mayor frecuencia grupos organizados que buscan reducir al extremo los diagnósticos detrás de problemas sociales complejos, a partir de los cuales nos tratan de convencer de que para resolverlos basta con evadir los costos que sus soluciones conllevan. Como si por ocultarlos estos dejaran de existir.

Años atrás, por ejemplo, frente a su alto costo, se comenzó a demandar la educación superior gratuita, esto es, el traspaso de la totalidad de su financiamiento al Estado. Pero como los aportes que este realiza provienen en verdad de sus contribuyentes, esta medida no es más que diferir el pago de las familias desde su propia universidad hacia el Fisco vía impuestos. Muy en línea con el refrán que dice que ojos que no ven, corazón que no siente. Con ello, en vez de estudiar medidas que ayudasen a contener los costos que involucra el servicio educativo, se optó por camuflarlos. Parecido a lo que ocurre con la consigna de No+Tag, con la que se busca eliminar el cobro por el uso de autopistas, cuya inversión y mantención de todas maneras requiere ser financiada. Ocurre que si sus usuarios no quieren pagarla directamente, el Estado tendrá de todas formas que cobrarles la cuenta por otro lado, y no solo a ellos, sino también al resto de los ciudadanos que ni siquiera la utilicen.

Un caso algo distinto, pero que responde a la misma lógica de esquivar, en vez de enfrentar, las dificultades, es lo que hay detrás del rechazo a las mediciones en educación y en especial del reciente sabotaje a la PSU. Como esta refleja el desigual nivel de preparación con que los jóvenes postulan a la educación superior -tanto por motivos justos como injustos- entonces se exige suprimirla. Peor aún, lo que los promotores de esta idea persiguen es eliminar toda forma de selección a la universidad, lo que no es más que ocultar las brechas hoy y postergar su expresión para más adelante, cuando tal vez ya sea muy tarde para enfrentarlas.

En esa misma línea, en el último tiempo se ha propuesto eliminar las tablas de mortalidad en el cálculo de las pensiones, lo que significaría ignorar las probabilidades de sobrevida de los jubilados y calcular sus pensiones sin asegurar que los recursos alcancen para quienes viven más. Esto es tan absurdo como pretender derogar por ley el envejecimiento. O como decretar el fin de las brechas educativas y del costo que servicios como la educación superior y las autopistas requieren para funcionar.

Estos son solo algunos ejemplos, pero hay varios más que circulan en el debate público y que incluso han sido acogidos por una parte de la clase política. Frente a ellos, los ciudadanos debemos abrir bien los ojos, ser escépticos y exigir mayor análisis, pues al ocultar las dificultades y los costos de los problemas sociales, solo estaremos apoyando a quienes pretenden eludir las soluciones que estos requieren.

 

Columna de María Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-