DUDAS PREVISIONALES

El Presidente anunció una nueva reforma de pensiones con cambios estructurales que incluyen el reparto intergeneracional. Es un cambio mayor que afecta el funcionamiento de largo plazo de nuestro sistema de pensiones por los incentivos que introduce.
Necesitamos aumentar las pensiones actuales y ello se hizo mejorando el pilar solidario, pero también debemos incrementar el ahorro, de modo de permitir a los trabajadores optar a mejores pensiones en el futuro. La fórmula elegida, con importantes elementos de la reforma de Bachelet, pone en duda el logro de este objetivo.
Las pensiones son bajas en relación a las expectativas y continuarán siéndolo si no se hacen cambios, básicamente por la existencia de lagunas previsionales, caída de las tasas de interés y rentabilidad de las inversiones, tasa de cotización baja para financiar pensiones para un período pasivo cada vez más prolongado, e incrementos en los salarios durante la vida laboral que abren expectativas de pensiones similares al último sueldo, aunque las cotizaciones tuvieron una base mucho menor. Este diagnóstico, compartido por los expertos, requiere soluciones a estos factores para mejorar las pensiones. Una buena propuesta del proyecto es la revisión periódica de estos parámetros.
Desgraciadamente sectores de extrema izquierda y grupos populistas han impuesto un diagnóstico distinto y sin fundamento alguno, que culpa a las AFP del bajo valor de las pensiones. De allí nació No+AFP”, que luego ante la falta de una propuesta que no expropiara los ahorros de los afiliados, dio paso a “Ni un peso más a las AFP”.
Para aumentar el ahorro de los trabajadores de manera de evitar que las bajas pensiones se repitan en el futuro, el gobierno ya había cedido, sin razón técnica alguna, al slogan de ni un peso más a las AFP, proponiendo una cotización adicional de 5% a un ente estatal que manejaría ese fondo, sin posibilidad de otra opción para los afiliados.
El nuevo proyecto persiste en esa idea, pero rebajando esa cotización a un 3% y creando otra de 3% para un Fondo de Ahorro Colectivo para financiar a actuales pensionados que no es otra cosa que un impuesto al trabajo, con un mercado laboral muy complicado. Se introduce así el reparto intergeneracional, que el gobierno había criticado asegurando que era mejor financiar pensiones en curso con fondos generales de la nación. Al introducir este germen se abre la puerta para convertir el sistema de pensiones en uno mayoritariamente de reparto, pues esa será la opción preferida de la clase política ante cualquier reforma futura, relegando la capitalización a un rol secundario en el peor momento demográfico. Adicionalmente, el aumento total de 6 puntos hace dudoso que suba el ahorro previsional, dado el incremento de la informalidad y el hecho que la acumulación será lenta si las primeras cotizaciones van a reparto intergeneracional. Con seguridad, ello llevará a requerir nuevas reformas para mejorar las pensiones.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-