Derrumbe económico ad portas

El Banco Central informó el cierre de la balanza comercial al tercer trimestre del año, en donde en el período julio-septiembre las exportaciones cayeron en 5,2%, después de haber caído en 9,6% en el segundo trimestre. Nuestros envíos al exterior comenzaron a declinar a partir del segundo semestre del 2018, ya que la guerra comercial ha impactado de manera sustancial en el precio del cobre, haciéndolo caer desde US$3,2 por libra a cerca de los US$2,6 por libra que hemos observado ya por más de un año. Así es como las exportaciones de cobre cayeron en 1,4%, lo que es bastante más moderado después de desplomarse en 10% aproximadamente en los dos trimestres previos.

Las importaciones, por su parte, cayeron en 5,9% lo que es algo más moderado que lo observado en el trimestre previo, en donde la caída fue de 7,2%. Esta moderación en la contracción se dio debido a que los bienes intermedios, que incluyen combustibles, bajaron en 2,8% después de haberlo hecho en 8,4% en el periodo previo, pero se acentuó la caída en bienes de consumo y de capital los que se redujeron en 10,9% y 4% respectivamente.

Estas cifras no están afectadas por la violencia que se inicia a partir del 18 de octubre y que generó la interrupción intermitente de la cadena logística, en donde se incluye el bloqueo de Quellón que generó pérdidas millonarias para la industria salmonera. Efectivamente, el día viernes próximo, el INE entregará los indicadores sectoriales de octubre de producción minera, industria y de generación de energía, gas y agua, con lo cual tendremos las primeras cuantificaciones del desastre económico que se ha producido. El próximo lunes 2 de diciembre conoceremos el Imacec de octubre, así como la actividad turística de dicho mes, mientras que al día siguiente se dará a conocer el indicador de ventas del comercio. Lamentablemente, los desastrosos indicadores que conoceremos en pocos días más nos acompañaran aún por varios meses, en un contexto en donde la violencia terrorista no cesa y no exhibe ningún temor ni limite, ya que incluso en tiempo de guerra se evita afectar a los hospitales y zonas de atención de heridos. Ese límite, ya no existe en nuestro país y quemar un hospital, una iglesia o tal vez el Congreso ya no nos asombra para nada.

El impacto en el empleo aún no será notorio, ya que la encuesta que entregará el INE el próximo viernes contiene información del mercado del trabajo para el periodo agosto-octubre, por lo cual los lamentables eventos que afectan la segunda quincena de dicho último mes no quedarán totalmente reflejados en la encuesta, debiéndose espera a la siguiente medición para poder tener una dimensión de la cantidad de empleos que se habría destruido debido a la violencia de estas últimas cinco semanas.

Por último, y volviendo al comercio exterior, es muy relevante la tarea que está realizando la Cancillería y ProChile en particular, ya que es posible que la izquierda internacional desarrolle una campaña para boicotear los productos chilenos y con ello presionar adicionalmente al gobierno. Nuestro país ha sido victima en el pasado de campañas similares, lo que colocó en serias dificultades a nuestras exportaciones. Es de espera que la razón y la paz triunfen nuevamente.

 

Columna de Tomás Flores, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en El Líbero.-