Sorpresas

Sorpresa es lo que predomina en la visión internacional sobre la explosión social por la que atraviesa el país. Es explicable: los extranjeros tienen fundamentos para confiar en el progreso y estabilidad de Chile. Es una excepción en medio de las crisis y populismos que han caracterizado por décadas a Latinoamérica. Pocos discuten su trayectoria de progreso en casi todos los indicadores sociales y económicos. El problema es que la sorpresa externa es más bien decepción. La contingencia es muy distinta a lo promovido durante años por la Fundación Imagen de Chile, encargada de gestionar mundialmente la marca nacional.

El organismo oficial escogió 'Chile All Ways Surprising', un juego de palabras, para indicar que Chile sorprende, para bien, con atributos favorables, para satisfacción de los extranjeros que inviertan y nos visiten. No es fácil esperar lo inesperable. Se requiere sensibilidad, análisis y la ayuda de los servicios de inteligencia, algo que no existe en Chile: han fracasado rotundamente. Una falencia que se prefiere ignorar. Los extranjeros están alejados, carecen de elementos, pueden tener razonablemente percepciones equivocadas. Lo sorprendente es que gobernantes, políticos y empresarios chilenos, obligados a representar y sintonizar con la ciudadanía, no percibieran la crisis desatada. Hay indignación, con fundados motivos que debieron ser atendidos antes del estallido. La imagen internacional de Chile está dañada. Hay un tremendo retroceso. Por algunos días, grupos organizados impusieron el paleolítico, el uso de la piedra y del fuego, los incendios y apedreamientos. Un cavernario desprecio por el orden público. Eso es lo primero que hay que restaurar y no se logra solamente con la intervención de abnegados militares, carabineros y policías.

Su intervención debe ser lo más breve posible. Se los expone, no se entiende desde el extranjero y permite eludir la responsabilidad de la sociedad civil y de los poderes públicos. Lo que no es sorpresa son las reacciones de los líderes populistas de Venezuela, Argentina, México y Bolivia, sobre la crisis nacional. Era predecible que Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, y el vicepresidente de Bolivia, García Linera, interfirieran en los asuntos internos. Lamentables han sido las declaraciones, con distintos tonos, de Cristina de Kirchner, Alberto Fernández y de Andrés Manuel López Obrador, que aprovechan los desencuentros nacionales en favor de sus agendas y campañas. Hay también importantes aspectos positivos en la mirada desde el exterior que no deben sorprendernos. Parecen tener más confianza en Chile que muchos chilenos. Por sobre todo, se reconoce que Chile ha sido capaz de superar graves crisis políticas y que cuenta con un sistema económico sólido, que puede financiar las medidas para descomprimir la situación. Eso no es posible en otros países de la región ni pueden hacerlo los gobernantes que tanto critican al nuestro.

 

Columna de Hernán Felipe Errázuriz, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-