Lecciones del Nobel de Economía

La semana pasada se dieron a conocer los galardonados con el premio Nobel de Economía de este año: Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, por "su aproximación experimental al alivio de la pobreza global". Específicamente, el reconocimiento apunta a la metodología de trabajo con que estos economistas han abordado la problemática de la pobreza extrema en las últimas décadas, respondiendo preguntas que a primera vista parecen "pequeñas", pero que, una vez resueltas, muestran su enorme potencial de impacto en áreas de gran sensibilidad.

Además del mérito de mantener el foco en el combate contra la pobreza, con frecuencia invisibilizada detrás de las nuevas dificultades de las sociedades desarrolladas, y de su trabajo propiamente tal, una gran contribución de estos economistas que destacaría tiene que ver con su motivación para desafiar ideas preconcebidas y tratar de comprender cómo funciona el mundo real -no el ideal-; cómo toman decisiones las personas de carne y hueso y cuáles son los factores que las afectan, lo que en ocasiones los policy maker simplifican o sencillamente pasan por alto.

De esa forma, este reconocimiento constituye un llamado a diseñar políticas públicas sobre la base de evidencia rigurosa, aun cuando ello se oponga al voluntarismo y "buenismo" que a ratos se toma la discusión. Lo explican muy bien Duflo y Banerjee en su conocido libro Poor Economics, donde, sobre la base del análisis de diversas experiencias, acusan que "la economía de la pobreza se confunde demasiado a menudo con una economía pobre; dado que los pobres poseen poco, se asume que no hay nada de interés en su vida económica".

Esta forma de abordar la política social, plantean, ha debilitado la lucha contra la pobreza global, pues "los problemas sencillos provocan soluciones sencillas". En cambio, sugieren que, tal como ellos mismos lo han venido haciendo, la política pública debiera dejar atrás "el hábito de reducir a los pobres a personajes de tira cómica" y, en cambio, debiera dedicar tiempo a "entender de verdad sus vidas, en toda su complejidad". En suma, la invitación que se desprende del reciente galardón es a reflexionar sobre los múltiples factores que inciden sobre las problemáticas sociales y a evaluar con rigor cuáles son las maneras más eficaces de enfrentarlas, dudando de lo que en principio parezca obvio y aceptando que en general las soluciones mágicas no existen.

"La política contra la pobreza está repleta de desechos de milagros instantáneos que acabaron siendo poco milagrosos". En nuestro estado actual, en que urge que gobierno y legisladores se cuadren en acuerdos que permitan mejorar la calidad de vida de las personas de forma realista y responsable, esta visión constituye un tremendo aporte desde la ciencia económica para la elaboración de políticas públicas que nos permitan avanzar decididamente hacia el desarrollo.

 

Columna de María Paz Arzola, Coordinadora del Programa social, publicada en La Tercera.-