Senadores de Chile Vamos llaman al gobierno a abrirse a negociar la reintegración tributaria, informa La Tercera en su edición de ayer. DĆas antes el Ministro del Interior habĆa seƱalado que la integración no era un dogma, abriendo asĆ la puerta a una modificación del proyecto que ha impulsado el gobierno bajo la conducción del Ministro de Hacienda, Felipe LarraĆn, quien a su vez ha calificado a la reintegración como el corazón del proyecto.
Un senador, o un ministro que no estĆ” en los detalles del proyecto, pueden hacer afirmaciones generales, que incluso pueden ser ciertas, como que hay distintos instrumentos tributarios para lograr un objetivo. Lo que no se entiende es que las hagan sin considerar el efecto que ellas puedan tener en la negociación de un proyecto de ley que el gobierno ha calificado como emblemĆ”tico para lograr una de sus principales promesas electorales: mayor crecimiento de la economĆa.
Eso es simplemente mala polĆtica, no una cuestión tĆ©cnica.
Ya antes el tema de la reintegración habĆa sido cuestionado. Incluso desde senadores de la oposición, y tĆ©cnicos como Rodrigo ValdĆ©s, se habĆa planteado como alternativa rebajar la tasa de impuesto a las empresas de 27 a 25% a cambio de dejar de lado la integración. PodĆa ser una opción a considerar, o a negociar, dado que el programa del Presidente PiƱera tambiĆ©n consideraba esa baja. Desgraciadamente nunca hubo, ni la hay ahora, garantĆa alguna de que habĆa votos en la oposición para apoyar esa transacción.
El problema es otro; y nuevamente polĆtico. Resulta que el gobierno diseñó y llevó a cabo su estrategia de negociación para lograr los votos que le faltan para aprobar este proyecto sobre la base de convencer al Presidente de la DC y a varios diputados que la integración era una buena solución si se compensaban sus efectos redistributivos.
ĀæEn quĆ© queda todo eso? ĀæQuĆ© hay del apoyo cerrado que los Ministros LarraĆn y Blumel lograron entre los diputados oficialistas?
Una nueva negociación, sobre bases completamente distintas a las que se habĆan considerado hasta ahora, hace entrar al proyecto en una fase gelatinosa en que todo puede ocurrir. Se diluye asĆ completamente el objetivo que se le asigna a esta reforma en las expectativas económicas y lo que es peor (de nuevo la polĆtica) se retrasa su tramitación, extendiĆ©ndola inevitablemente al aƱo 2020. Se configura asĆ el peor escenario polĆtico posible para un gobierno: la agenda, la evaluación de su gestión, estarĆ”n a merced de las decisiones de su adversario, que tiene los votos necesarios para aprobar o rechazar el proyecto.
Soy muy crĆtico a los intentos desde otros órganos o poderes del Estado: tribunales, Ministerio PĆŗblico, ContralorĆa, a gobernarnos con sus fallos y resoluciones, contrariando la idea liberal del gobierno de las leyes y no de los hombres. Pero los vacĆos suelen llenarse.
Columna de Luis LarraĆn, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-Ā