¿Quién le teme a Marcela Cubillos?

Es difícil encontrar entre los políticos alguien de la estatura de Marcela Cubillos. Los espectáculos de populismo, ignorancia, falta de coraje e indolencia que hemos visto estos días a raíz del proyecto de ley que en un par de líneas rebaja la jornada laboral y compromete severamente las posibilidades de la economía chilena, según el presidente del Banco Central, agigantan figuras como la de la ministra de Educación.

Estudiosa, desde que como diputada de la Comisión de Educación de la Cámara Baja intervino en la tramitación de diversos proyectos de ley, domina a la perfección las materias propias de su cartera. Es también asertiva y clara a la hora de exponer a la opinión pública los argumentos que fundamentan sus posiciones y las del gobierno en relación a materias educacionales. Es justamente esta última característica una de las que más recelan sus adversarios: su capacidad de desarmar los pobres razonamientos, basados en consignas y eslóganes, con que la izquierda ha intervenido en la discusión pública sobre educación en los últimos años. Su apelación al sentido común de la gente, en particular el de los padres de los alumnos, ha sido un permanente dolor de cabeza para los opositores al gobierno. Marcela leyó muy bien que éste fue precisamente el talón de Aquiles del gobierno de Michelle Bachelet: se olvidaron de la gente, llegando incluso a denigrarlos para imponer sus proyectos educacionales basados en la ideología y lejanos a la realidad.

Por eso, es ridículo que la acusación exprese que “los beneficios sociales para los estudiantes no pueden ser utilizados en función de una mirada ideológica sobre segregación escolar…”. Lo que ha hecho el gobierno es justamente lo contrario: atender a las necesidades y problemas que las personas ven en la aplicación de políticas contenidas en la ley de inclusión, como el sistema de selección. En otro de sus capítulos acusan a la ministra de no respetar la vida privada y la protección de los datos personales de las personas, porque ella se comunicó por correo electrónico para explicar cómo se iban a resolver esos problemas con el proyecto de Admisión Justa que patrocinaba el Gobierno. Tanto la Contraloría General de la República como el Consejo para la Transparencia dictaminaron que no había falta ni infracción al usar ese medio de comunicación con los apoderados. Como señaló la ministra: “me acusan por hacer la pega”.

Pero la característica de la gestión de Marcela Cubillos que más temen sus adversarios es su coraje. Su capacidad de enfrentarlos, con serenidad, con la verdad, sin claudicaciones frente al populismo o la consigna; pero al mismo tiempo apelando al sentido común de la gente y convenciéndolos que pueden sacar su voz frente a la arbitrariedad y lenidad de los políticos. Eso es intolerable, eso pone en peligro candidaturas y votos y es la única causa de la acusación constitucional.

Columna de Luis Larraín, Director de Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicaba en La Tercera.-