Una de las razones que llevaron al gobierno de Bachelet a prohibir la selección escolar, fue acabar decididamente con la segregación socioeconómica que exhibĆa nuestro sistema educativo. Ello, bajo el supuesto de que Ć©sta era causada por los colegios subvencionados y la utilización de sus procesos de admisión netamente para discriminar a los alumnos y sus familias. AsĆ lo planteaba el exministro Eyzaguirre en 2014: "entrevistan a los padres, pero en el fondo estĆ”n tratando de escudriƱar la solvencia económica, el capital cultural y cuĆ”n avanzados estĆ”n los niƱos".
Prejuicios como Ć©ste bastaron para instalar un clima de desconfianza hacia las escuelas, a las que finalmente se les impidió definir los criterios sobre los cuales el nuevo sistema de admisión centralizado (SAE) asignarĆa sus propias vacantes.
Pues bien, en el inicio de su cuarto perĆodo de implementación gradual, los resultados del SAE permiten poner en duda dicho diagnóstico y, en cambio, ratifican las dudas de quienes fuimos mĆ”s escĆ©pticos.
Pues si las escuelas y sus supuestas prĆ”cticas discriminatorias hubiesen sido las causantes de la segregación, el tĆ©rmino de la selección habrĆa llevado a reducirla drĆ”sticamente. Sin embargo, los datos muestran otra cosa.
Al analizar la cohorte de alumnos que en 2017 asistĆa a 8° bĆ”sico y que en 2018 ingresó a 1° medio, encontramos que en las regiones donde entró en vigencia el SAE, no hubo una caĆda sistemĆ”tica en la segregación en relación a las regiones donde Ć©ste no se introdujo. Por su parte, los resultados preliminares de UrzĆŗa (U. de Maryland y Clapes UC) y sus coautores, que se encuentran estudiando en detalle lo ocurrido en la región del BiobĆo, indican que la segregación de alumnos vulnerables de hecho aumentó tras la implementación del nuevo sistema de admisión, lo que se explicarĆa por el aumento en las familias que optaron por desplazarse a la educación particular pagada.
Lo que parece una paradoja, la verdad no lo es. La segmentación escolar es un fenómeno mucho mĆ”s complejo de lo que se planteó. De acuerdo al estudio del mismo UrzĆŗa, parece tener que ver con cómo se distribuye la población en el territorio, sus alternativas de traslado y con los elementos que guĆan las preferencias de las familias. Reducirla a un asunto de discriminación por parte de las escuelas fue una inĆŗtil sobresimplificación.
Si bien esta experiencia aĆŗn debe seguir estudiĆ”ndose, por ahora nos entrega algunas lecciones sobre lo peligroso que es legislar y hacer reformas radicales sobre la base de prejuicios, casos aislados o diagnósticos incompletos. OjalĆ” nuestros legisladores reflexionen al respecto y eviten seguir cometiendo este tipo de errores en otros Ć”mbitos āpor lo pronto, el laboral-, viendo malas intenciones donde no las hay y generando falsas expectativas en una ciudadanĆa que ya aprendió que las recetas mĆ”gicas suelen ser las menos eficaces.
COLUMNA DE MARĆA PAZ ARZOLA, COORDINADORA DEL PROGRAMA SOCIAL DE LIBERTAD Y DESARROLLO, PUBLICADA EN LA TERCERA.-
