Fiestas Patrias

Estas son fechas propicias para reflexionar acerca de lo que nos une como país. Pese a las diferencias que tenemos en muchas materias, hay algo que tenemos en común y que toca alguna fibra nuestra cuando escuchamos la canción nacional o participamos en alguna de las actividades de estas fiestas patrias.

De partida queremos que al país le vaya bien, nos alegramos con los triunfos de nuestros deportistas y artistas, los aportes de nuestros científicos y las actuaciones relevantes de nuestros ciudadanos. Eso algo dice. Ahora, cuando se trata de escudriñar en qué estamos de acuerdo, la tarea se pone más dura. En cualquier caso, creo no equivocarme al pensar que una mayoría quiere que todo el país progrese; aunque cuando se trata de opinar acerca de la urgencia de esos progresos en la calidad de la vida o en reducir desigualdades y abusos, la opinión se dispersa más.

Creo, no obstante, que la mayoría valora los progresos de las últimas décadas y el que ellos se hayan logrado en un ambiente de paz, más allá de legítimas diferencias. Con todo, hay que reconocer que el consenso en la dirección del avance, que desde el 90 hasta el 2005 era bastante grande, se ha ido erosionando en los últimos cuatro gobiernos, donde sucesivamente hemos tratado de rectificar políticas que no nos gustaron. Cuánto de causa y cuánto de efecto no lo sabemos, pero es un hecho que el Frente Amplio y sus posturas rupturistas han colaborado a ello. Esa suerte de orgullo compartido acerca de cómo Chile ha hecho las cosas se ha ido perdiendo.

Otro fenómeno nuevo en nuestro país es el de la migración. En pocos años se ha duplicado la población migrante, y como en otras latitudes, éste ha pasado a ser un tema en la política nacional. Incluso en ocasiones como las fiestas patrias hay grupos, minoritarios pero presentes, que aprovechan la ocasión para exhibir comportamientos o actitudes xenófobas. Ello me parece reprobable: reducir el tema de la migración a los problemas para los chilenos que crea su crecimiento, ignorando los beneficios que en materia cultural, laboral y demográfica nos aportan es un enfoque sesgado y miope. Chile, como otros países, debiera crecer con la inmigración, crecer en todo sentido. Por supuesto un requisito para que ello ocurra es que el flujo migratorio sea razonable y no provoque temores e inquietudes por problemas reales que un flujo descontrolado puede causar en la población. El llamado enfoque de derechos en este tema no ayuda y me temo que los cuidados del sacristán puedan terminar matando al señor cura en este ámbito.

Para terminar una reflexión. No podemos progresar ni superar momentos difíciles trabajando menos. Es poner la carreta delante de los bueyes. Declararnos país rico, trabajar menos y dejar que los migrantes hagan la pega por nosotros es el camino para detener el progreso.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-