Boris Johnson: la tentación populista

El LĆ­bero

Si la decisión de la Corte Suprema de Gran Bretaña que declaró ilegal la suspensión de la CÔmara de los Comunes que decretó el Primer Ministro Boris Johnson hubiese sido estrecha, quizÔs el líder de los conservadores podría sostener su cruzada para hacer un Brexit con o sin acuerdo el 31 de octubre, apelando al patriotismo y acusando a sus detractores, incluyendo a los jueces de la Corte Suprema, de desconocer la voluntad del pueblo britÔnico. Pero el fallo de 11 a 0 después de cuatro días de deliberación es tan aplastante, que pareciera que el Brexit sin acuerdo el 31 de octubre estÔ muerto.

Al dejar sin efecto la medida y calificarla de abuso de poder, pues tuvo el objetivo de frustrar o impedir la capacidad del Parlamento para llevar a cabo sus funciones constitucionales que ā€œtuvo un efecto extremo sobre los fundamentos de la democraciaā€, la Corte Suprema invalidó la estrategia de Johnson y le obliga a acatar la decisión mayoritaria de la CĆ”mara de los Comunes de buscar un Brexit con acuerdo con la Unión Europea. La forma de hacerlo aĆŗn no estĆ” clara, y el ajedrez continĆŗa, pues el lĆ­der de la oposición Jeremy Corbyn tampoco muestra sus cartas y fuera de decir que el Primer Ministro debiera renunciar, no manifiesta claridad respecto a su posición sobre el Brexit. TambiĆ©n es cauteloso frente a la posibilidad de un voto de censura a Johnson pues eso podrĆ­a llevar a elecciones anticipadas, que es lo que el Primer Ministro quiere y los laboristas quieren evitar mientras no estĆ©n seguros que no habrĆ” Brexit sin acuerdo.

Ya en estas mismas pÔginas habíamos manifestado nuestras dudas acerca de la estrategia de Johnson cuando recién asumió, calificÔndolo de audaz y populista, pues nunca el Primer Ministro transparentó como diablos iba a lograr en tan poco tiempo lo que Theresa May no pudo hacer en varios años. La personalidad de Johnson, admirador de Churchill y tributario de la idea del Imperio BritÔnico le traicionó, pues no pudo eludir el hecho que hoy no existe tal Imperio BritÔnico. Negociar con los 28 países de la Unión Europea, pretendiendo imponer sus intereses es simplemente falta de realismo. Uno solo de esos países, Alemania, tiene una economía mucho mÔs poderosa que Gran Bretaña.

El otro resabio imperial que traicionó a Boris Johnson fue su desprecio por la opinión de los escoceses e irlandeses que forman parte de Gran BretaƱa. Recordemos que el plebiscito por el Brexit convocado por James Cameron se ganó estrechamente, 52 contra 48%, pero con un detalle. La opción de abandonar la Unión Europea perdió tanto en Escocia como en Irlanda del Norte. En Escocia el 62% votó por quedarse y en Irlanda del Norte el 55,8% hizo lo propio. Uno de los puntos mĆ”s controvertidos de la negociación de Theresa May fue el ā€œbackstopā€ irlandĆ©s referido al hecho de que hoy no existe una frontera fĆ­sica entre la RepĆŗblica de Irlanda, que permanece en la Unión Europea, e Irlanda del Norte, que debe abandonarla. Instalar una frontera fĆ­sica entre ambas naciones separarĆ­a a hermanos de hermanos, primos de primos y probablemente revivirĆ­a los fantasmas del separatismo irlandĆ©s y el terrorismo que estuvo asociado a Ć©l. Una cuestión que no se puede mirar bajo la pierna.

La decisión de Cameron de llamar a plebiscito por el Brexit ha resultado ser un callejón sin salida, que perjudicarÔ sin duda a Gran Bretaña, al menos en los años de incertidumbre que se han vivido hasta ahora y también en los tiempos que vienen. La solución populista que propuso Johnson y que le ayudó a ganar la elección interna de los Conservadores a Jeremy Hunt apelando a sentimientos y emociones, no tenía sustento y tiene a su país sumido en una delicada crisis política. El margen de maniobra de Boris Johnson se estrecha cada vez mÔs y sería un mago si logra salir de esta.

 

Columna de Luis LarraĆ­n, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en El LĆ­bero.-Ā 

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