Argentina: La fiebre verde

El domingo recién pasado, el Banco Central argentino publicó en el Boletín Oficial una serie de normas que restringen el acceso a dólares tanto para personas naturales como empresas. Las personas naturales podrán comprar hasta US$ 10 mil por mes y podrán transferir al exterior por esa misma cantidad al mes y si desean comprar un monto adicional deben pedir permiso al Instituto emisor. Adicionalmente, la resolución obliga a los exportadores que liquiden los dólares obtenidos en su actividad comercial en un plazo de 5 días hábiles.

Esta restricción parcial al acceso a dólares se da en un contexto en que el peso argentino se ha devaluado de manera significativa. Durante el año 2017, el tipo de cambio promedio alcanzó a $16,5 por dólar, lo que en julio del año pasado se empinaba a $ 27,6. A fines del 2018 ya había llegado a $37 y el viernes pasado llegó a $59. Para que los lectores tengan una proporción de lo que esto significa, sería equivalente a que nuestro tipo de cambio, que en 2017 fue de $ 650 por dólar, hoy estuviese en $ 2.360 por dólar.

Esta caída del valor del peso argentino lleva evidentemente a que las personas se resguarden comprando dólares lo antes posible y es así como el Banco Central trasandino ha debido vender cada vez más dólares para tratar de que la devaluación no sea mayor todavía. Esto ha provocado una caída de las reservas internacionales desde US$ 72 billones a fines de abril pasado hasta los US$ 57 billones, lo que implica una caída de reserva de cerca de un 20%.

Tal como ocurre luego de un anuncio de restricción de acceso al mercado formal, durante el día lunes, el mercado paralelo, dólar Blue, se activó, y se observaron transacciones a un tipo de cambio de entre $64 y $68 por dólar, siendo altamente probable de que las personas estén retirando sus ahorros de los bancos y se estén volcando a comprar dólares, previendo la cesación de pagos que se avecina. Lamentablemente, esta secuencia de eventos ya ha sido observada y sufrida por los argentinos década tras década y no es extraño entonces de que se haya desatado la “Fiebre verde”, con la cual todas las personas tratan de comprar dólares a como de lugar, tratando de protegerse así del paroxismo de la crisis que se acerca.

Si finalmente Argentina cae en cesación de pagos nuevamente y se cierra su acceso al mercado de capitales internacionales, se profundizará la recesión que los afecta y el acceso a dólares será totalmente restringido a la voluntad del Banco Central, tal como ocurrió hace más de una década atrás. Todo esto es muy malo para la economía chilena, ya que no sólo afecta el valor de nuestras empresas que tienen ventas allá, sino por hay una serie de empresas medianas cuyo cliente principal está en ciudades como Córdoba y que, producto de la maxi devaluación, dejarán de ser competitivas. Adicionalmente, no tendremos ningún turista trasandino visitando nuestro país en la futura temporada estival, mientras que muchos compatriotas viajarán a Buenos Aires aprovechando el mayor poder de compra del peso chileno.

El Presidente Macri generó la esperanza de que podía haber un cambio, sin embargo el bajo crecimiento económico y la alta inflación terminó pasándole la cuenta y dando la pavorosa posibilidad de que los mismos corruptos de siempre vuelvan a clavar sus garras en la Argentina.

 

Columna de Tomás Flores, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en El Líbero.-