Viviendas inalcanzables

En la discusión sobre políticas públicas hay gente que se confunde con el sentido de causalidad. Creer que va a aumentar la productividad de los trabajadores porque se impondrá obligatoriamente una jornada más reducida es un ejemplo de ello. La causalidad es al revés: trabajadores más productivos son capaces de hacer el mismo trabajo en menos horas y por lo tanto podrían optar a una jornada más reducida sin que le bajen los salarios. Ello ha ido ocurriendo en Chile, donde cerca del 45% de los trabajadores trabajan menos que la jornada máxima de 45 horas semanales.

Otras veces, simplemente se ignoran las causas de un determinado problema. Por ello es oportuno señalar que la creciente dificultad que están teniendo los chilenos para alcanzar una vivienda según un estudio reciente, tema muy importante para la gente, tiene causas claras y muy precisas. En la última década, el precio de las viviendas en Santiago ha aumentado el doble que los salarios. ¿Por qué ha ocurrido? Muy simple, las autoridades han impulsado cada vez un número mayor de normas de contención del crecimiento urbano, con lo que la superficie construible ha bajado a la mitad.

Los planes reguladores comunales han disminuido la constructibilidad en diversas comunas de nuestras ciudades. San Miguel es un caso emblemático, antes lo fue Ñuñoa. Se restringe la construcción de edificios en altura y con ello, como es lógico cuando algún bien se hace más escaso, sube el precio del metro cuadrado. Pero en el caso de Santiago hay un problema adicional: los límites al radio urbano. Nuestra capital está circundada por un cinturón más allá del cual no se pueden construir viviendas. Ambos efectos combinados, menor constructibilidad y radio urbano congelado explican perfectamente el problema.

Las autoridades comunales restringen la constructibilidad porque los vecinos, una vez instalados, no quieren que se siga densificando el lugar donde viven con nuevos edificios en altura.

Una manera inteligente de abordar este problema es permitir, en ciertos ejes urbanos, una mayor constructibilidad. Hace todo el sentido del mundo que esos ejes coincidan con las líneas de Metro, pues éstas transcurren por avenidas más anchas, provistas de más comercio, a veces de parques y donde preservar una vida urbana más rica que muchos identifican como “vida de barrio” es más difícil; pese a lo cual, a un par de cuadras de allí sí es posible que las viviendas estén ubicadas en edificios de menor altura.

Propuestas populistas como fijar el precio de los arriendos sólo agravarían el problema. Como es obvio, si ello ocurre habrá menos compradores de departamentos pues ya no será rentable comprarlos para ponerlos en arriendo. La menor disponibilidad de viviendas para arriendo agudizará el problema y éstas serán cada vez más inalcanzables para un grupo cada vez más numeroso de chilenos.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-