De fútbol y progreso económico

Apropósito de la participación de la selección chilena en la Copa Mundial femenina de fútbol, aparecieron en redes sociales algunas personas que, para reconocer y elogiar la hazaña de las compatriotas, recurrieron a críticas hacia sus pares masculinos, que por estos días se encuentran disputando la Copa América. Un contraste innecesario, considerando que se trata de torneos cuyos resultados son independientes y que, en lugar de dividirnos, debieran hacernos disfrutar por partida doble.

Pero lo cierto es que esta lógica del tipo 'juego de suma cero' se repite con frecuencia en otros ámbitos del quehacer nacional, particularmente el económico, en la medida que algunos suponen que no es posible que dos grupos progresen de manera simultánea, pues cualquier ganancia o mejora que uno de ellos exhiba será necesariamente en perjuicio o a costa de la otra parte.

Felizmente, dicha visión es incorrecta y, tal como en el fútbol, la experiencia de nuestro país en materia económica así lo demuestra. Pues en períodos de crecimiento elevado y sostenido se constatan importantes avances que favorecen simultáneamente a los distintos grupos de la población, cuyo progreso no se contrapone, sino que se da en forma conjunta.

De acuerdo a los datos de las Encuestas CASEN, entre los años 2010 y 2013, cuando el crecimiento promedio de la economía chilena superó el 5,3% anual, los ingresos del trabajo aumentaron en todos los niveles.

Entre los hogares pertenecientes al 10% más pobre del país, dichos ingresos aumentaron un 42,5%; entre los de ingresos medios, el incremento fue de aproximadamente un 20%, y entre los hogares pertenecientes al 10% más acomodado, el alza fue de 14,5%.

Sin embargo, en períodos de bajo crecimiento económico, el progreso simultáneo de toda la población no se puede dar por descontado. Así, por ejemplo, entre 2014 y 2017, en que el PIB aumentó a una tasa promedio cercana al 1,7% anual, los hogares más humildes registraron una reducción de sus ingresos laborales de -1,9%. Es posible que el modesto desempeño económico del período -apenas por sobre el crecimiento de la población- haya sido insuficiente para favorecer a todos y, en consecuencia, los más pobres vieron un deterioro en sus condiciones laborales, quedando cesantes o bien debiendo recurrir a empleos informales y peor remunerados.

De esta forma, se verifica que ante un mayor crecimiento económico es posible alcanzar también una mayor prosperidad para todos, pero que ello no puede darse por resuelto. Si queremos lograr un mayor desarrollo, tanto en el ámbito económico como en el futbolístico, necesitamos superar esa lógica que indica que el progreso de unos solo es posible cuando es a costa de otros y, en cambio, debemos aspirar a conseguir mejoras en productividad que apuntalen el crecimiento y posibiliten el avance conjunto de toda la población, sin que nadie se quede atrás.

 

Columna de María Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-