Cuenta Pública y Estrategia

En su Cuenta Pública, Sebastián Piñera desplegará su conocimiento de los temas nacionales para referirse a la marcha del país durante el último año y agregará nuevas iniciativas para el futuro. Mostrará muchos logros, pero habrá pocos espectadores neutrales de la cuenta; los chilenos comunes y corrientes en su mayoría tendrán otras cuestiones que hacer a esa hora.

Por eso será nuestra clase política la que estará más interesada en la cuenta y las reacciones tendrán el filtro de su mirada.   

Una de las cosas que mirarán los políticos, especialmente la derecha, será si el gobierno opta por concentrar sus anuncios y acciones en unos pocos temas, o si abre el abanico a una gran variedad de cuestiones. Lo primero es más congruente con los que demandan un “relato” del gobierno con las promesas básicas de Piñera que fueron mejorar la economía, combatir la delincuencia y dotar de un sello social a su administración.

La tesis contraria diría que es riesgoso concentrar en pocos temas la acción del gobierno, dado que la posibilidad de mostrar éxitos no depende del Ejecutivo. La vieja teoría de la diversificación que aconseja no poner todos los huevos en la misma canasta permitiría así avanzar en varios ámbitos, sin depender de la voluntad de una oposición que, en general, se ha mostrado implacable y mezquina a la hora de aprobar los proyectos del gobierno.

Más que proclamar la superioridad de una estrategia u otra, me interesa destacar que una vez elegida ésta, el comportamiento del gobierno debe ser consistente. Si se opta por focalizar, entonces habrá que definir las alianzas que hagan posible llevar adelante esa oferta programática. Ello requiere acuerdos legislativos al menos en los temas tributario y de pensiones, e idealmente en el proyecto sobre la jornada laboral, de manera que el entorno para el crecimiento económico mejore. También se hace necesaria la colaboración del Ministerio Público y el Poder Judicial de modo de enfrentar el serio problema de seguridad ciudadana que percibe la población. Por último, tendría que haber un esfuerzo por hacer de la puesta en marcha del programa Clase Media Protegida una oportunidad para incorporar a quienes tienen experiencia en la implementación de programas sociales que se vienen realizando desde hace un par de décadas, de modo de asegurar que este nuevo concepto pase a ser parte del modelo de desarrollo chileno. Un equipo de gran liderazgo es imprescindible.

La otra estrategia, la de diversificar, como decíamos, reduce el riesgo de concentrarse en pocos proyectos que pueden fracasar por falta de voluntad de terceros. Pero también tiene sus problemas, pues aumenta el riesgo de la poca claridad acerca del sello del gobierno y la centroderecha. Es una estrategia más transaccional, que evita hacer grandes definiciones ahora, pero convoca menos a los partidarios de cara al futuro.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-