Crecimiento en Chile y el Mundo

El Banco Central golpeó el tablero y rebajó en cincuenta puntos base la Tasa de Política Monetaria, poniendo fin así a la discusión acerca de la necesidad de un mayor impulso monetario a la economía chilena.

Las proyecciones para la economía mundial están a la baja y su tasa de crecimiento no se estima ya en 3,5% sino cerca del 3%. Esto tendrá evidentemente efecto sobre la economía chilena. Las expectativas de los agentes económicos locales habían venido bajando la proyección de crecimiento de un 3,6% a un 3,2%. El FMI, por su parte, redujo a 3,3% su estimación de crecimiento de la economía mundial; bastante menos que el optimista pronóstico de 3,8-3,9% para 2019 de fines del año pasado. En su cuenta pública, el Presidente Piñera situó entre 3 y 3,5% la estimación para el crecimiento de este año, rebajando así las proyecciones oficiales de 3,5%.

Los opositores al gobierno de Piñera, sin pudor ni memoria, han criticado al gobierno actual por la falta de dinamismo de la economía. Algunos han llegado a afirmar que el último período del gobierno de Bachelet fue mejor que el primer trimestre de este año; de modo que la economía ya habría venido con una recuperación, que ahora se ha frustrado. Es un planteamiento demasiado pedestre. Hacia finales del gobierno de Bachelet el crecimiento mejora por la expectativa de la elección de Piñera, al principio, y por la certeza de ello a continuación.

Lo que corresponde para evaluar la conducción económica de un país, es comparar su performance con el resto del mundo. Allí las cifras son demasiado claras: durante el gobierno de la Nueva Mayoría, Chile creció en promedio un 1,8%, mientras el mundo se expandía al doble de ese ritmo, alcanzando una tasa de 3,5%. Durante el primer año de Piñera, Chile creció al 4%, superando el crecimiento del mundo que llegó a 3,6%. Las proyecciones para 2019 del Fondo Monetario indican un 3,3% para el mundo como indicábamos recién, optimista a estas alturas. Este crecimiento mundial, en cualquier caso, no difiere del rango en que se espera que crezca nuestro país. El Banco Mundial, por su parte, ha rebajado su estimación para el crecimiento del mundo en el 2019 a un 2,6 %, manteniendo la proyección para Chile en 3,5%.

Lo concreto es que los últimos indicadores de actividad en Chile no han sido buenos: una caída de 0,8% en las ventas del comercio y un IMACEC de abril de 2,1%, alimentaban dudas sobre el dinamismo de la demanda interna.

Si bien Chile se verá afectado por el menor crecimiento mundial, no todo son malas noticias. Hay indicios que el crecimiento potencial de la economía, aquel que revela su capacidad de crecer en el mediano plazo, estaría aumentando. Hay dos factores que explicarían esto: mayor dotación de trabajo y una mejora en la productividad. Lo primero es la cara amable de la inmigración, que afecta positivamente al aumentar la dotación de trabajadores, contrarrestando de esta manera la cara menos amable que ha impedido que baje el desempleo por la oferta de trabajo que proviene de otros países. La productividad, por su parte, aumentó en un 1,6 % durante el año 2018, por primera vez en cuatro años. Será difícil eso sí mantener aumentos de productividad sin reformas estructurales y la estimación de CLAPES para el último trimestre es de una caída de 0,6%.

Lo concreto es que el Banco Central ha incrementado su estimación de producto potencial, señalando así una brecha en la economía chilena que tendría un exceso de oferta que justifica un mayor impulso monetario.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en Diario Financiero.-