Cambio de gabinete

Pareciera que los cambios de gabinete tienen una dinámica propia en nuestro país: una vez instalada la idea de que viene uno resulta imposible evitarlo. La baja de la popularidad del gobierno que vienen mostrando las encuestas, ratificada por la CEP, sugería que seguir haciendo las cosas como hasta ahora no era una buena idea.

En esta dinámica propia, suele calificarse como cambio de gabinete el que incluye nuevos ministros políticos que habitan en La Moneda o en el equipo económico. Sin esos requisitos, se habla de meros ajustes. La verdad es que este cambio estuvo en el límite. Queda la impresión que el Presidente Piñera no quería un giro radical en sus equipos. Así las cosas, optó por algunos relevos que, en su apreciación, le permiten cumplir de manera más robusta su agenda.

De la cuenta pública se deduce que hay una agenda potente en materia de Relaciones Exteriores, donde destacan la reunión de APEC y la COP25. Lograr que la primera intervenga en la discusión sobre comercio mundial y la segunda posicione a Chile como un actor relevante en materia de cambio climático son objetivos del Presidente. Teodoro Ribera, un hombre probado para Piñera y de indudables capacidades, podía ser de ayuda en esa misión. En Salud por su parte, las ambiciosas y complejas reformas a las ISAPRES y al FONASA requieren de una capacidad de gestión y manejo político que Jaime Mañalich puede ofrecer, si la idea es aprobarlas durante el período de esta administración.

La reticencia de Piñera a hacer cambios en el equipo político o la dificultad para encontrar personas que pudiesen mejorar la gestión de esas delicadas tareas, no lo sabemos, llevó a que para calificar como cambio de gabinete y bajar la presión hubiese que hacer cambios en el equipo económico. Esta decisión se refuerza por la indudable brecha que hay entre las expectativas de la gente sobre la gestión económica de este gobierno y la realidad que perciben los chilenos diariamente. Ni el empleo ni las remuneraciones han mostrado el dinamismo que se esperaba. Entre cambiar al Ministro de Hacienda, una apuesta más riesgosa, o al de Economía, el Presidente optó por lo segundo. En el caso del Ministerio de Energía, la píldora envenenada que los ministros de Bachelet (Pacheco y Rebolledo) dejaron a la ministra Susana Jiménez con el cambio en los medidores fue determinante. No podemos suponer que haya sido intencionado, pero el hecho es que la ministra debió lidiar con un tema que no era de su responsabilidad y sus logros en materia de descarbonización, electromovilidad y otros fueron opacados por los medidores.

Los demás cambios parecen subordinados. El reemplazo en Economía debía ser potente y Fontaine cumple con creces; lo mismo en Obras Públicas, donde Alfredo Moreno tiene el tonelaje para esa importante cartera. Sebastián Sichel es una apuesta con contenido político.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de LyD, publicada en La Tercera.-