BENEFICIOS DE UN ACUERDO

Luego de 10 largos, y a ratos extenuantes meses de discusión en el Congreso del proyecto de Modernización Tributaria, recientemente se firmó un Protocolo de Acuerdo con miras a acelerar el proceso de aprobación de esta iniciativa. Las diversas, e incluso airadas reacciones en contra de este Protocolo por parte de la oposición, contrastan con los consensos ya alcanzados entre el Ejecutivo y el Legislativo de cara al proceso de aprobación de la idea de legislar por parte de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados. También contrastan con los apreciables beneficios que contiene el acuerdo y que surgen nítidamente de un análisis más detallado de éste.

En primer lugar, destaca la diversidad de sus firmantes, ya que no sólo representan al Ejecutivo y a parte del Legislativo, sino que también a actores socialmente relevantes a los cuales se busca beneficiar con esta iniciativa, tal como sería el caso de las Pymes (Conapyme, Asech y la Multigremial de Emprendedores) y de los adultos mayores (Consejo de Dirigentes Sociales del Adulto Mayor-CODISAM).

En segundo lugar, el contenido del acuerdo apunta en la dirección correcta, es decir, hacia la simplificación del sistema tributario; la eliminación de ineficiencias e inequidades generadas por la reforma del gobierno anterior al volver a instaurar un sistema único de tributación y en base a retiros efectivos; la corrección de las distorsiones generadas por el hecho de que algunos sectores no pagaban impuestos (economía digital); el fortalecimiento del régimen tributario de las Pymes; el compromiso con la sostenibilidad fiscal; y el incremento de la seguridad jurídica, todas condiciones necesarias para la innovación e inversión, componentes básicos para fomentar el crecimiento y el empleo.

En el punto anterior, solo una luz de alerta. A la loable intención de implementar medidas pro regiones, parece contradictorio que esto justamente se busque a través de discriminar a las inversiones realizadas en las regiones por la vía se aumentarles los impuestos.

Tercero. Haber llegado a un acuerdo es en sí mismo beneficioso, ya que se requiere despejar prontamente las dudas sobre el futuro del sistema tributario. Sin embargo, la premura tampoco es adecuada si producto de ella surge una reforma tributaria como la del 2014, la cual fue aprobada en tan solo 6 meses, pero con poca o nula discusión y, más aún, con las negativas consecuencias vastamente analizadas, las cuales justamente se está intentando remendar. Se requiere celeridad, pero también persistencia en el tiempo de lo aprobado.

También llama la atención, pero desde un punto de vista negativo, el que a pesar de todos lo anteriormente mencionado, haya personas o grupos que insisten en negarse a la aprobación de este proyecto, poniendo cada vez más en duda sus verdaderas motivaciones.

Columna de Macarena García, Economista Senior LyD, publicada en Voces La Tercera.-