¿Qué tan desigual es Chile?

Cuando se discute sobre qué tan desigual es Chile, el foco va inmediatamente hacia la diferencia de ingreso monetario entre los grupos socioeconómicos, entendido como la suma del ingreso autónomo -ingreso del trabajo y renta de activos- y los subsidios monetarios por parte del Estado, siendo estos últimos una parte importante de la política social. De acuerdo a cálculos oficiales, la distribución de los ingresos monetarios de los chilenos es más igualitaria hoy que hace 10 o 20 años (de acuerdo al coeficiente de Gini), lo que se ha dado a la par de una mejora en los ingresos reales que ha beneficiado a toda la población. Esto es una buena noticia, que ahuyenta los aires de pesimismo que a veces rondan la opinión pública y hacen desconocer el progreso que ha sido fruto de nuestra economía e instituciones.

Sin embargo, al sólo comparar el ingreso monetario entre familias se está cayendo en un análisis miope; la política social no consiste sólo en subsidios monetarios, sino que también en no monetarios. En los últimos están las prestaciones que entrega el Estado en educación -como la subvención escolar preferencial focalizada en alumnos vulnerables-, y salud -por ejemplo, consultas bonificadas por FONASA-. La suma de los subsidios no monetarios en educación y salud, por lo demás, es superior a la de los monetarios.

Para evidenciar lo anterior, el año 2017, según cálculos de LyD a partir de una metodología de valorización propuesta por el Ministerio de Desarrollo Social en 2010, en promedio el 82% de los subsidios recibidos por los hogares eran no monetarios, correspondiendo a $231.452 en promedio por hogar en el 10% más pobre de la población, versus $88.275 en subsidios monetarios. Esta diferencia no considera la política habitacional del país, la que de entrar en juego inclinaría esta proporción más todavía hacia la ayuda no pecuniaria que brinda el Estado.

En vista de lo anterior ¿cuánto disminuye la desigualdad al considerar la política social -en educación y salud- que no es en dinero? Utilizando el coeficiente de Gini como vara, que va de 0 (absoluta igualdad) a 1 (total desigualdad), el valor de este es 0,484 tomando la distribución de los ingresos monetarios y disminuye un 12,9% al considerar los subsidios no monetarios. Este cambio es importante si se tiene en perspectiva que entre el ingreso autónomo y el monetario la diferencia es de sólo 5,1%.

Por lo tanto, ¿qué tan desigual es Chile? Menos de lo que se cree. Hacer un análisis tomando en cuenta sólo el dinero que reciben las personas es bastante incompleto, ya que se debe incluir la parte no monetaria de la política social para tener una mirada más completa del bienestar. Esta perspectiva más amplia debería no ser sólo considerada por nuestras autoridades, sino también por organismos internacionales para así tener una comparación más realista entre países.

Columna de Guillermo Irarrázaval, investigador del Programa Social de LyD, publicada en Voces de La Tercera.-