El Presidente Piñera acaba de anunciar una reforma a la legislaciĂłn laboral que, en lo fundamental, flexibiliza la jornada de trabajo. Es la Ășltima de las reformas emblemĂĄticas con alto impacto econĂłmico y social presentadas, siguiendo a la modernizaciĂłn tributaria, la de pensiones y la de salud. La pregunta es si serĂĄ tambiĂ©n la Ășltima de las transformaciones centrales de la administraciĂłn Piñera.
Hay buenas razones para que sea asĂ. Las tres reformas que mencionamos antes son importantes para cumplir la promesa del gobierno de poner nuevamente al paĂs en marcha y recuperar el crecimiento econĂłmico. Desde un punto de vista polĂtico, sin embargo, su impacto es mĂĄs difĂcil de medir. En el caso tributario, sabemos que la ciudadanĂa difĂcilmente engancha con un tema de suyo ĂĄrido y cuyas consecuencias inmediatas le parecen ajenas. Las otras dos, pensiones y salud, son igualmente importantes en sus efectos y esta vez sĂ acaparan todo el interĂ©s de la mayorĂa de los chilenos en temas de gran sensibilidad. El gobierno ha diseñado en las ĂĄreas previsional y de salud proyectos de impecable factura tĂ©cnica, que se hacen cargo de los principales problemas que la ciudadanĂa advierte: bajas pensiones y atenciĂłn de salud de mala calidad en el sistema pĂșblico y poco transparente en el sistema privado. No obstante ello, la complejidad de estas reformas (ambas tienen componentes sistĂ©micos que obligan a considerarlas de manera integral) hace difĂcil que la ciudadanĂa pueda apreciar, especialmente en el corto plazo, la forma en que impactan positivamente en su calidad de vida. SerĂĄ una tarea ardua y paciente de las autoridades y comunicadores del gobierno explicar a la gente por quĂ©, en cada caso, la propuesta es la mejor alternativa para su problema. Una tarea en todo caso necesaria y que puede ser fructĂfera.
Pero el proyecto laboral es otra cosa. Es muy fĂĄcil advertir para cualquiera cĂłmo Ă©ste impacta en la calidad de vida de los trabajadores chilenos. En lo fundamental cambia la jornada semanal mĂĄxima de 45 horas semanales por una jornada mensual mĂĄxima de 180 horas que podrĂĄn distribuirse de comĂșn acuerdo entre trabajador y empleador en no menos de 4 dĂas y no mĂĄs de 6 dĂas a la semana. Esto no sĂłlo reduce la jornada, sino que la adapta a las necesidades y preferencias de las personas y las empresas. TambiĂ©n permite aumentar vacaciones con cargo a horas extraordinarias. Es compatible con un paĂs en que las personas privilegian alternativas de uso del tiempo con sus familias y amigos que se han abierto producto de una mejor situaciĂłn econĂłmica y de una mentalidad distinta.
La reforma laboral es una inyecciĂłn a la vena de mejor calidad de vida para los chilenos. Alguna izquierda empieza a hablar ya de precariedad. Esta es una batalla que el gobierno debe dar con todas sus fuerzas y debiera ganarla en toda la lĂnea.
Columna de Luis LarraĂn, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-Â