Ante la emergencia, medidas excepcionales

Según indicó el alcalde de Santiago, en los últimos días se han lanzado 67 bombas molotov desde el Instituto Nacional al exterior. El nivel de violencia al que se está llegando, ha llevado incluso a tener que suspender las clases en numerosas ocasiones durante el último mes. Ante ello, surgió la idea de revisar las mochilas de los alumnos, para evitar el ingreso de parafina, botellas y artefactos incendiarios.

Se trata de una medida excepcional que se circunscribe a un contexto particular y que tiene como único fin evitar la ocurrencia de hechos que no sólo afectan la seguridad de estudiantes y profesores, sino además el derecho a la educación de quienes no participan en estos actos. Paradojalmente, bajo la excusa de enarbolar las banderas en defensa de la niñez, inmediatamente salieron los críticos de siempre a manifestarse en contra de esta disposición.

Lo peor que podemos hacer es normalizar este grado de violencia, como si se tratara de un asunto propio de la “convivencia escolar”. Pues se trata de un problema gravísimo que ni el alcalde, ni el equipo directivo, ni los docentes están pudiendo manejar. Y así como ésta no es una situación común, tampoco es inocua. Ya la prueba PISA 2009 indicaba que el ambiente escolar está fuertemente asociado a los resultados académicos y que, en ese contexto, Chile presenta un grado comparativamente alto de indisciplina (OCDE 2011). Es ampliamente sabido que la calidad de la docencia es el principal factor que influye sobre los aprendizajes y desempeño de los estudiantes, pero ¿qué puede hacer un buen profesor ante la inseguridad, las amenazas y la violencia? Absolutamente nada.

Nadie gana cuando se deja de condenar la violencia y se protege la ocurrencia de actos de esta índole: ni la oposición y menos aún los estudiantes involucrados. Evidentemente la revisión de las mochilas no es lo óptimo en situaciones normales, pero reconozcamos que ésta no lo es; ante la emergencia, no cabe más que recurrir a medidas excepcionales que frenen la violencia y recién ahí, posibiliten enfrentar los problemas de fondo que la están originando.

Columna de María Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social de LyD, publicada en La Tercera.-