La incansable espera de la Modernización Tributaria

Más de siete meses han transcurrido desde el ingreso de la Modernización Tributaria al Congreso y aún no se vota la idea de legislar. Dicho escenario -radicalmente opuesto al que se vio con la tramitación de las reformas tributarias de la administración anterior aprobadas en tiempo récord- es preocupante y genera una profunda incertidumbre.

Si bien es valorable que existan instancias de diálogo entre Gobierno y oposición en orden a concordar criterios, ello no puede conducir a que semana a semana se retrase la votación de la idea de legislar sobre una reforma que es esencial para impulsar el emprendimiento y la inversión en el país y para dar mayor certeza jurídica a los contribuyentes. Además, el hecho de que se llegue a acuerdo sobre materias esenciales de la iniciativa tampoco asegura que el debate en particular de la misma- en caso que se apruebe en general- sea más expedito, si se mantienen los constantes intercambios de propuestas y/o exigencias que se han visto durante este último tiempo. Hasta el momento, todo pareciera indicar que se espera una larga tramitación de este proyecto.

Ahora bien, tras los largos meses de espera, lo mínimo que se puede esperar es que no se transen aquellos aspectos que son sustanciales de la reforma y que las concesiones que se realicen a la oposición no sean contrarias a los objetivos perseguidos con la misma. En efecto, la Modernización Tributaria del Ejecutivo trae una serie de beneficios para todos los contribuyentes, simplificando el complejo sistema tributario existente, fortaleciendo sus derechos frente al Servicio de Impuestos Internos, creando la Defensoría del Contribuyente y otorgando mayor certeza jurídica, entre otras medidas. Por su parte, se propone volver hacia un sistema integrado que eliminaría la injusta e inequitativa sobretasa de 9,45% que hoy se impone a los dueños de las empresas y que afecta proporcionalmente más a quienes están en los tramos bajos del impuesto global complementario.  Todas estas medidas benefician especialmente a las Pymes, las cuales ya han manifestado públicamente que no pueden seguir esperando a que se modifique el actual sistema, adverso al emprendimiento.

Finalmente, es necesario que no se pierda de vista que las materias de que trata la reforma tributaria son de iniciativa exclusiva del Presidente de la República. Las consecuencias positivas o negativas que acarreen las modificaciones al sistema tributario que se aprueben en el Congreso recaerán a fin de cuentas en el Ejecutivo, en quien pesa la responsabilidad constitucional de la administración financiera y presupuestaria del Estado.   

Por todo ello, la dilación injustificada que hemos presenciado de la Modernización Tributaria ya no da para más. Es de esperar que el próximo miércoles se vote a favor de la idea de legislar y sea en el Congreso donde se efectúe un debate serio y responsable, de cara a la ciudadanía y sujeta al escrutinio de los expertos.

Columna de Pilar Hazbún, Coordinadora del Programa Legislativo de LyD, publicada en Voces de La Tercera.-