En las próximas semanas debiera votarse la idea de legislar del proyecto de ley que crea un nuevo sistema de subvenciones para los niveles medios de educación parvularia (niños de 2 a 4 años), que ademÔs de entregar mÔs recursos a este nivel educativo, permitirÔ aumentar la equidad en el financiamiento del Estado. Por un lado, al igualar el gasto entre niños que asisten a jardines de distinto proveedor -que hoy inexplicablemente reciben un financiamiento dispar- y, por el otro, otorgando mÔs dinero a aquellos niños que requieren una mayor atención, ya sea por presentar una necesidad educativa especial o por provenir de una situación socioeconómica mÔs desfavorable.
Se trata entonces de una iniciativa clave para mejorar las condiciones en que se educa a la primera infancia y por esa vĆa prevenir las brechas de aprendizaje que se detectan ya en 2° bĆ”sico. Asimismo, constituye una seƱal prometedora por parte del gobierno, que ha decidido priorizar este nivel, que en los Ćŗltimos aƱos fue postergado por detrĆ”s de la educación superior. Prueba de ello es que, entre los aƱos 2014 y 2018, mientras el presupuesto pĆŗblico dirigido a financiar la operación de jardines infantiles y salas cunas aumentó en 59%, el gasto para ayudas estudiantiles para la educación superior creció en mĆ”s del doble (139%), principalmente debido a la introducción de la gratuidad.
Ahora bien, uno de los aspectos que han causado inquietud entre algunos diputados, es que las subvenciones que crea este proyecto se pagarĆ”n -tal como en la educación escolar- en función de la asistencia promedio del perĆodo y no de la matrĆcula, de manera que los jardines con elevado ausentismo experimentarĆ”n un alza de recursos menor que la de aquellos con una mayor asistencia. Esto, sin embargo, lo que busca es precisamente incentivar la asistencia efectiva, aspecto en que tenemos un gran desafĆo como paĆs, pues las estimaciones disponibles indican que mĆ”s del 66% de los niƱos presentan inasistencia crónica a educación preescolar. SegĆŗn la evidencia, Ć©sta genera perjuicios en el desarrollo de los niƱos, en el desempeƱo acadĆ©mico futuro y tambiĆ©n se relaciona con una mayor probabilidad de deserción escolar mĆ”s adelante en la vida.
De esta forma, todo indica que lo que se requiere es avanzar en mecanismos que ayuden a mejorar la cobertura y que a su vez incentiven la asistencia a educación parvularia, y en ese sentido, el proyecto de nueva subvención constituye un aporte. Asimismo, Ć©ste debiera acompaƱarse de programas de concientización para las familias, que ayuden a modificar la creencia equivocada que manifiestan el 81% de quienes -segĆŗn la encuesta Casen 2017- no envĆan a sus hijos a educación parvularia, por considerar que Ć©sta sencillamente no es necesaria. Nada mĆ”s lejos de la realidad; la educación temprana y de calidad es clave, asĆ como la asistencia regular a Ć©sta.
Columna de MarĆa Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social de LyD, publicada en La Tercera.-