Este limón ya no da mas jugo

En la discusión sobre un acuerdo que permita votar afirmativamente la idea de legislar, en el proyecto de ley de modernización tributaria han salido a la palestra nuevas propuestas, como los impuestos regionales, a la emisión de carbono y los licores, entre otros.

El impuesto a los licores fue incrementado en la reforma tributaria de 2014, y es así como a partir del 1 de octubre de dicho año, la tasa específica fue elevada de 27% a 31,5%, con lo cual al agregarse el IVA, se llega a una tasa total al consumo de 50,5%. Así, después de los cigarrillos, los licores son de los bienes de mayor carga tributaria en Chile.

Ahora bien, en el año 2015, efecto año completo del alza, este impuesto específico recaudó US$ 97,9 millones. En el año 2016, la recaudación subió hasta los US$ 100,1 millones, lo que comienza a revertirse en el año 2017, ya que los impuestos obtenidos caen hasta los US$ 93,4 millones, es decir, una caída en la recaudación de 6,7%. De hecho, la cifra analizada a mediados del año pasado revela a una nueva baja, de 4% aproximadamente.

Una posible explicación para este fenómeno es lo que se denomina “la curva de Laffer”, que indica que subir la tasa de impuesto no necesariamente aumenta la recaudación, ya que la base tributaria se reduce. De hecho, en el caso ecuatoriano, el alza de los impuestos a los licores generó un intenso contrabando desde los países vecinos con la consiguiente menor recaudación tributaria. En Chile, afortunadamente el contrabando y producción ilícita parecen ser muy moderados, pero las cifras nos parecen estar mostrando que subir nuevamente el impuesto a los licores no parece ser el camino, ya que es posible que la carga tributaria sobre esos productos estarían al límite de la curva de Laffer.

Si la autoridad debe reducir el consumo de alcohol es probablemente necesario en la utilización de otros instrumentos, partiendo por la campaña de la asociación gremial “En menores, ni una gota”, donde se combate la normalización que hacen algunos en relación al consumo de alcohol por parte de menores de edad. Eso debe ser rechazado terminantemente, sin excusas, tanto en el ámbito social como en actividades familiares. En el caso del cigarrillo, por ejemplo, al parecer ha sido mucho más efectiva la restricción a fumar en una serie de lugares, más que el sustancial impuesto específico que deben pagar.

En conclusión, creo que el impuesto a los licores está al borde de la curva de Laffer y un nuevo aumento de la tasa hará caer más la recaudación, que es justamente lo contrario a lo buscado por la autoridad, en este momento de negociación del proyecto de ley. El consumo responsable de alcohol debe utilizar otros instrumentos más efectivos, ya que al parecer la herramienta tributaria es un limón que ya no da más jugo.

Columna de Tomás Flores, Economista Senior de LyD, publicada en El Líbero.-