Otra mirada

La presencia en Santiago, la próxima semana, de los presidentes Abdo Benítez, Bolsonaro, Duque, Macri, Moreno y Vizcarra es una oportunidad única para la integración y unidad regional, al más alto nivel.

Cuesta encontrar un período de mayores afinidades entre los presidentes de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Paraguay. Sus coincidencias son esencialmente pragmáticas, no producto de acuerdos de organismos regionales ni de cumbres presidenciales. Obedecen a las demandas de sus pueblos y a las agendas de sus gobernantes, elegidos democráticamente.

Para Chile, hay además factores nuevos que estrechan los lazos subcontinentales: la cercanía con Brasil, por la estrategia económica y liderazgo del Presidente Bolsonaro; la densidad sin precedentes de los vínculos con Perú; la recomposición, por el Presidente Moreno, de una amistad histórica con Ecuador, dañada por el ex Presidente Correa; la participación de Chile en el proceso de paz de Colombia; la cercanía entre los Presidentes Piñera y Macri; la expansión de inversiones nacionales en toda la región. Finalmente, por las migraciones. Cerca de setecientos mil venezolanos, colombianos, peruanos y ecuatorianos se han avecindado recientemente en territorio nacional. 

Los Presidentes visitantes y el Presidente Piñera, seguramente, aprovecharán todos esos elementos favorables.

La cumbre sudamericana del próximo jueves, bajo el nombre tentativo de Prosur, no caerá en los delirios creativos de otros organismos y foros regionales abstrusos y costosos. Basta con la lección de la fracasada Unasur y con la positiva experiencia de la Alianza del Pacífico.

Los cambios en América del Sur justifican este encuentro. Requieren de un nuevo estilo para alcanzar acuerdos concretos de coordinación política en materias prioritarias para la región, como la seguridad ciudadana, el proteccionismo, las migraciones, y ante los grandes desafíos internacionales por las repercusiones de las políticas de Trump, la guerra comercial, las tensiones en el Asia, crisis de la Unión Europea, el cambio climático y otros. 

Hay más que suficientes instancias multilaterales para promover valores compartidos y celebrar acuerdos técnicos, de energía, infraestructura, ambientales, educación, salud, recursos y desastres naturales y otros específicos.

La cita en Santiago debe ser exactamente lo contrario a las pomposas cumbres sudamericanas anteriores de misceláneos compromisos que culminaron con la creación de Unasur, obra e instrumento del populismo que tensionó y empobreció a los pueblos de la región.

Columna de Hernán Felipe Errázuriz, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-