A pesar de noticias alarmantes, la economía global no será impedimento para el progreso de Chile

Hoy se conoce en forma instantánea lo que sucede en casi cualquier rincón del mundo. Esto es una gran ventaja pero, sin la perspectiva adecuada, puede alentar la inseguridad y el pesimismo. La información constante de accidentes y catástrofes que desagraciadamente afectan a grupos humanos, lleva a algunos a sentirse muy vulnerables cuando, en los hechos, la humanidad no ha estado nunca mejor protegida que hoy.

En las últimas semanas se han destacado algunos indicadores económicos que podrían dar una señal de alerta sobre el crecimiento mundial. Según las recientes encuestas de nuevos contratos, EE.UU. habría creado en febrero sólo 20.000 empleos. El comercio exterior chino, la mayor economía exportadora de bienes del mundo, ha mostrado debilidad en los últimos registros. Las autoridades de ese país han moderado las proyecciones de crecimiento para 2019 ubicándolas en una banda de 6,0%–6,5% desde el 6,5% del 2018. Los datos del 3er. y 4to. trimestre del año pasado no fueron alentadores para Europa. Las cifras de crecimiento desestacionalizadas fueron sólo de 0,6% y 0,9% respectivamente. Alemania vio caer el suyo el tercer trimestre. El drama del Brexit continúa y la ministra May no logra aprobar una decisión definitiva sobre cómo proceder. La piedra en el zapato es la frontera con Irlanda.

Como para muchos aún está presente la crisis financiera y gran recesión detonadas el 2008, el cúmulo de noticias poco auspiciosas hacen rebrotar los temores de una recesión ad portas, y no una en el sentido técnico -dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo- de los cuales ningún país ha estado o estará exento, sino de algo mucho más profundo.

Datos como los indicados más arriba hacen pronosticar un año 2019 menos dinámico que el 2018, en que la economía mundial creció a un ritmo de 3,7%. Pero no es razonable esperar una recesión en el horizonte inmediato. Las exportaciones chinas y los indicadores mundiales de producción industrial son débiles, pero el sector servicios, las ventas minoristas y la disposición de las empresas a contratar son en general auspiciosas, aunque volátiles.

En EE.UU. el magro aumento de empleos en febrero, ya mencionado, no es compatible con otras fuentes de información. Así, la encuesta de hogares indica un aumento de 225.000 en el mes y una caída del desempleo al 3,8%. Otras cifras muestran un aumento de la productividad de 1,9% en el cuarto trimestre y los salarios subiendo un 3,4% el último mes, con respecto a un año atrás. Más aún, la cifra de contrataciones en febrero fue precedida por un récord de 311.000 empleos en enero. Si se promedian los últimos tres meses el valor es de un sólido aumento de 186.000 empleos mensuales.

Siempre en EE.UU., los ingresos por impuestos federales subieron 10% en febrero, dato interesante pues se compara con el efecto integral de los cambios tributarios. El déficit norteamericano es un problema, pero básicamente por los aumentos en gastos debido a los programas rígidos del pasado como salud y pensiones, o por los aumentos que exige la oposición demócrata como moneda de cambio para aprobar ciertas leyes. El mayor crecimiento económico está impidiendo que el déficit sea aún mayor. EE.UU. creció 2,9% en 2018, una cifra muy superior a las del pasado y que debiera mantenerse sólidamente sobre 2,0% este año.

Sería interesante que la oposición chilena aprendiera la misma lección que debe asimilar la oposición de los demócratas. Si se quieren más beneficios en base a gasto público en forma sostenible, lo primero y primordial es no impedir el progreso que lo hace posible. El gobierno del presidente Trump apuesta que su país logrará mantener un crecimiento mayor al del pasado reciente y al de los pronósticos que se hacen para los próximos años. Los analistas y la oposición son escépticos. Lo paradójico es que, en vez de dificultarle la tarea con una oposición a ultranza, sería mejor para todos si esta fuera una meta común. Nuevamente, el símil con el caso chileno es interesante. La oposición parece más empecinada en oponerse, para que el gobierno no sea exitoso, que en potenciar el progreso que beneficia a todos, incluyendo a ellos como políticos si acceden al poder en el futuro.

Europa que efectivamente experimentó un crecimiento muy modesto el año pasado, muestra señales que a partir de trimestre actual tendrá un repunte. Los estímulos económicos en China y el apaciguamiento de sus disputas comerciales con EE.UU. le ayudarán a estabilizarse. El cambio de políticas tanto de la FED como del Banco Central Europeo, como telón de fondo, están garantizando que el menor crecimiento mundial del 2019 no sea muy pronunciado. Ambas instituciones han destacado que tendrán más paciencia y no se apresurarán en normalizar las políticas monetarias. Eso da espacio a muchos bancos centrales, incluido el chileno, a tener ellos una actitud más pausada.

Terminado el verano se puede vaticinar que -aunque algo menos dinámico- el mundo será favorable para Chile. Una combinación de precio del cobre moderado, petróleo relativamente barato y tasas de interés contenidas, deja la responsabilidad en nuestro país de acelerar o no la mejoría y el bienestar de los chilenos. Desafortunadamente el receso veraniego no sirvió para reflexionar y la dinámica gobierno-oposición parece no haber cambiado.

El avance preliminar del 2018 de un 4%, no parece un piso a partir del cual Chile pueda construir un nuevo salto al progreso. El Ministro de Hacienda moderó recientemente las proyecciones de su cartera acotándolas a un 3,5%, cifra similar a la de la Encuesta de Expectativas Económicas. Obviamente, esta cifra es muy superior al 1,7% promedio del gobierno pasado, pero insuficiente si se estima que debe ser la base de un nuevo salto al desarrollo, más aún cuando el país se recupera de una etapa de crecimiento sub estándar. El primer IMACEC del año fue modesto: 2,4% y febrero debiera sufrir los impactos de los fenómenos climáticos en el Norte del país. Las estadísticas de empleo han sido cuestionadas, pero son compatibles con las cifras de crecimiento si se observa que muestran más empleo privado y de mejor calidad.

Ir más allá y en forma permanente requiere deshacerse de la camisa de fuerza impuesta por el gobierno anterior. Es ella la que ata y ahoga la creatividad y el dinamismo, con el agravante que tiene efectos paulatinos y crecientes en el tiempo. La educación fue de facto estatizada, los impuestos se multiplican y sus efectos en la capacidad de inversión son paulatinos, las normas laborales de a poco y en la medida que pasa el tiempo dan más poder monopólico a los sindicatos y la lista sigue en prácticamente todas las áreas.

Un observador externo podría entender que el gobierno ha optado por avanzar sólo parcialmente en corregir esos desaciertos. Se puede especular que con ello espera una mejor recepción que con una estrategia más frontal. Pero terminado el verano no parece haber sido exitoso en convencer a la oposición. Su actitud sigue intransigente y el paso del tiempo consolida lo que es indispensable cambiar.

Efectivamente hay algunos avances parciales, pero quizás inadvertidamente el gobierno sigue avanzando en un camino incorrecto. Por ejemplo, ha promulgado leyes que multiplican la responsabilidad penal de las personas jurídicas, innovación reciente en el país. Ello sin esperar siquiera que se asienten los procesos y se cree jurisprudencia en una materia que es nueva y opuesta a la que hasta hace poco se enseñaba en las escuelas de derecho. Copiar inventos recientes en materia penal de otras jurisdicciones es malo. Más nefasto es hacerlo sin dejar que decante paulatinamente el concepto en las instituciones.

Muchos han indicado que este año será el último en que este gobierno pueda marcar una nueva tendencia. De lo que se ve por el momento su legado será impedir que el deterioro iniciado por Bachelet se acelere. El país deberá confiar en que más adelante la sociedad libere las fuerzas creativas que fueron atadas.

Columna de Hernán Büchi, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-