La Ruta Energética: un buen comienzo para abordar los desafíos del sector

La “Ruta Energética 2018-2022”, del Ministerio de Energía, constituye una auspiciosa carta de navegación del Gobierno en este sector. Los ejes sobre modernización regulatoria, en que se mantienen los énfasis en generar señales e incentivos eficientes para fomentar la inversión e innovación en el sector, y para que el mercado pueda operar correctamente, resultan alentadores. Y es que en los últimos años el sector energético, y particularmente el eléctrico, ha experimentado diversas transformaciones, en sus diversos segmentos, de las cuales hay que hacerse cargo.

Uno de los segmentos antes referidos es el de distribución eléctrica. En efecto, y en base a lo dispuesto en la Ruta, el Ministerio de Energía anunció, hace tan solo unos días atrás, que prontamente se dará el vamos a un trabajo participativo, en el que a través de talleres o grupos de trabajo -convocados al efecto- se abordará esta materia. Recordemos que la Comisión Nacional de Energía concluyó el año pasado un proceso de diagnóstico del sector de distribución eléctrica. De esta manera, el objetivo de estos talleres será conocer en profundidad los distintos aspectos identificados en tal diagnóstico (a partir de los antecedentes disponibles sectorialmente) con el objeto que, a partir de ahí, la autoridad genere propuestas concretas de cambios normativos al efecto. Respecto a este segmento, deben enfatizarse y reforzarse los aspectos de seguridad del sistema y de calidad del servicio, así como también abordarse, integralmente, la generación distribuida, el almacenamiento de energía, la eficiencia energética y la electro-movilidad, entre otras materias pertinentes, promoviendo las eficiencias de las nuevas tecnologías y reconociendo adecuadamente la participación de los nuevos agentes del sector.

Por su parte, y tal y como señala la Ruta, la irrupción de nuevas tecnologías renovables variables en el segmento de generación eléctrica, que hoy son más baratas y en las que Chile presenta ventajas, también deja en evidencia la existencia de nuevos desafíos operacionales y regulatorios del sector que deben ser abordados. En este sentido, el diseño de la normativa debiera considerar que se fomente el aumento y la diversidad de los actores en el mercado, pues ello tiene un efecto directo en inyectar mayor competencia al sector y en la diversificación de los recursos con los que el sistema contará en el futuro. Para ello, y a fin de dar una adecuada respuesta regulatoria, se requiere revisar integralmente la operación del sistema; cómo hoy se asignan los costos y se remunera a los agentes y hacerse cargo de los mayores grados de flexibilidad que necesita y requerirá el sistema eléctrico en su conjunto. El enfoque debiera estar dado por otorgar al sistema mayor capacidad de adaptación, en el corto y en el largo plazo, dotándolo de herramientas para continuar fomentando, en forma eficiente, el desarrollo de nuevas tecnologías y su correcta integración en el sistema, sin distorsiones. De hecho, a nivel mundial y sin perjuicio de las diferencias en los sistemas y en el marco regulatorio aplicable, estos desafíos están siendo abordados. Lo acontecido en los últimos años en Chile, en cuanto a la incorporación de energías renovables variables en la matriz energética, no es un asunto exclusivo de nuestro país.

Así, se anticipa que serán diversas las aristas a abordar en el trabajo del Ministerio y las autoridades del sector en este cuatrienio y esta hoja de ruta, que ya ha comenzado a implementarse, constituye un buen punto de partida y un esfuerzo importante. La relación y coordinación de los cambios que han de acometerse en los distintos segmentos del sistema, resulta clave para hacerse cargo de las diversas complejidades.

Columna de Natalia González, Subdirectora de Asuntos Jurídicos y Legislativos de LyD, publicada en las ediciones especiales de El Mercurio.-