Renovación Nacional y el Gobierno de Piñera

Renovación Nacional es hoy el principal partido de la centroderecha. Esa posición se la ganó en la última elección parlamentaria donde fue el partido más votado de Chile. Hay varias razones que explican esta situación. RN superó a la UDI, su tradicional aliado que hace algunos años jugó un rol protagónico en la política chilena pero ha sufrido en el último tiempo duros golpes a su dirigencia, relacionados a episodios de financiamiento irregular de la política, que no han afectado en lo sustancial a RN. Pero además de ello, el partido dirigido por Mario Desbordes tiene ciertas características que favorecen su nuevo estatus.

El surgimiento de una gran clase media mayoritaria en nuestro país es una muy buena noticia para RN. En este partido conviven sectores de gran tradición en la sociedad chilena. Conservadores y liberales, que han sido desde siempre la base de la derecha en Chile, están claramente presentes en la militancia de Renovación Nacional. Sus posiciones en política tienden a ser moderadas, acercándose desde la derecha al centro político. Algunas de sus figuras, como Manuel José Ossandón y Francisco Chahuán lo plantean constantemente al adherir a postulados socialcristianos. El mismo Sebastián Piñera y otros fundadores del partido como Andrés Allamand y Alberto Espina fueron claves en acuerdos políticos que han consolidado a RN como una fuerza de centroderecha que tiende a coincidir con las posiciones mayoritariamente moderadas de un número muy importante de los chilenos.

Su dirigencia está aprendiendo a conducir la convergencia entre conservadores y liberales, una cuestión siempre difícil en la centroderecha, pero a fin de cuentas esencial; como lo ha señalado, entre otros, el historiador Joaquín Fermandois. Esta convivencia, que también es difícil al interior del gobierno, debe darse entre sectores conservadores tradicionales de la derecha chilena, otros ligados a iglesias cristianas; y grupos liberales de jóvenes, tributarios de la nueva gran clase media chilena que, aunque a muchos no les guste, tienen posiciones más abiertas en temas como el matrimonio y adopción igualitarios. De lograr esa convivencia, Renovación Nacional podrá disputar a Evópoli, fuerza emergente de la centroderecha, el electorado de la centroderecha de los próximos veinte años, cuestión que se ve más difícil para la UDI, de no mediar un cambio en ese partido que se acerque a la sensibilidad de la juventud.

Esta posición expectante de RN, que le augura un rol en el futuro de la política chilena por la capacidad para aglutinar a los chilenos que le da su identidad, extrañamente no ha funcionado de igual manera en su relación con el gobierno de Sebastián Piñera, según hemos visto en los últimos días. Es curioso, porque en esencia, el gobierno de Piñera tiene un proyecto para el país que es muy similar al de RN, lo que no es extraño si consideramos la trayectoria política del Presidente.

Las desavenencias de figuras de RN con el gobierno no han sido, sin embargo, sobre cuestiones de fondo. Al menos nadie en el partido ha logrado explicar con claridad cuál es el origen de esas diferencias, más allá de cuestiones puntuales asociadas a algunos nombramientos de funcionarios de gobierno. La pregunta que uno se hace es si esas diferencias justifican poner en peligro la relación con el gobierno, creando fricciones y entregando municiones a los adversarios, en circunstancias que lo óptimo para Renovación Nacional es que al gobierno de Sebastián Piñera le vaya muy bien.

La demora en algunos nombramientos, o la diferencia con la decisión tomada, no ha significado que el gobierno deje de hacer su tarea. Las instituciones han funcionado, en un marco, recordémoslo, que entrega menos libertad a un gobierno que asume para cambiar funcionarios públicos.

Hay que aprender de las experiencias ajenas. La ansiedad por ocupar cargos, que fue puesta por delante de la voluntad de liderar a los chilenos, ha minimizado el rol de la Democracia Cristiana en la política chilena. Renovación Nacional debe evitar esa trampa e ir con prestancia a jugar el rol que le corresponde.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-