Dietas Parlamentarias y Sueldos Públicos

Los diputados Boric y Jackson nos vuelven a demostrar que la persistencia es una cualidad en política. Desde hace tiempo vienen insistiendo en un proyecto de ley, que presentaron hace ya tiempo, que rebaja las dietas parlamentarias a la mitad. Los diputados del Frente Amplio han logrado, en este caso, su propósito de demostrar superioridad moral frente a sus colegas, que se ven en la incómoda posición de tener que defender su propio bolsillo si rechazan el proyecto.

Claro, es más fácil para quienes la dieta parlamentaria, cercana a los diez millones de pesos, es su primer sueldo, que para otros que han hecho una extensa carrera política y tienen menos flexibilidad para bajar sus ingresos a la mitad, ya sea por su edad, el tamaño de la familia o los compromisos contraídos a partir de sus ingresos actuales. A decir verdad, casi nadie está preparado para bajar sus ingresos a la mitad. Otros han dicho que la posición de Boric y Jackson es facilista, porque como saben que no se aprobará el proyecto ellos quedan muy bien y se siguen embolsando los diez millones. Yo les he sugerido una salida para su problema de conciencia: donar la mitad de lo que reciben a una fundación que ayude a los pobres, pero no han tomado mi consejo en todos estos años. En todo caso, la persistencia de los diputados y su eficacia al haber puesto su proyecto en primer plano de la opinión pública desmentiría a los desconfiados que ven en esto una mera maniobra publicitaria y no una auténtica intención de bajar el costo para el país del funcionamiento del Congreso. Por último, se les ha criticado también que hayan aprobado un importante aumento en el número de parlamentarios, lo que ha incrementado el costo para el Estado. Entendemos en todo caso que el objetivo principal de los diputados patrocinantes no es rebajar el gasto público, en general no son muy cuidadosos al respecto, sino hacer un punto con la diferencia con los sueldos de la mayoría de los chilenos.

Pero hasta aquí no hemos entrado al fondo del asunto: ¿son muy altas las dietas de los parlamentarios? Aparentemente sí, según los datos comparados con otros países y en particular los de la OCDE, que sabemos son en general más ricos que nosotros. Pero una comparación sin ajustes puede exagerar las dietas de nuestros parlamentarios, pues en otros lugares ser diputado o senador no es incompatible con otras actividades remuneradas y aquí sí lo es, con excepción de clases en la Universidad, que no dan para hacerse rico. En otras partes también el período legislativo es más reducido, lo que entre paréntesis no es una mala idea.

Aún siendo altas comparativamente, un sentido de realidad diría que la forma más razonable de resolverlo no es llegar y bajarlas a la mitad, aunque desde ya sería conveniente congelar sus reajustes.

Algunos, entre ellos el Presidente Piñera, han señalado que no sólo las dietas parlamentarias son altas sino también otros sueldos en el gobierno y en las empresas públicas.

Sabemos que la discusión pública de los sueldos es un terreno pantanoso para los políticos. El sueldo “reguleque” cercano a los cuatro millones hizo historia, y está allí como un verdadero cerco eléctrico para cualquiera que piense que los sueldos en el sector público no son tan altos.

La realidad es que los sueldos en la administración pública son en promedio más altos (entre 30 y 40%) que en el sector privado, pero ello no es el resultado de sueldos muy altos para los cargos directivos. Es más, los cargos mejor remunerados del sector público son notoriamente más bajos que los similares en el sector privado. Como en el sector público no hay una medida de productividad de las remuneraciones, estas distorsiones son posibles.

De manera que esta vez voy a discrepar, con respeto, del Presidente Piñera. Los sueldos no son muy altos en los cargos directivos del Poder Ejecutivo y las empresas públicas, y rebajarlos dificultaría la tarea de atraer talento a la administración del Estado. Disminuir las dietas puede ser razonable, pero llevarlas a la mitad, sin transición, es insensato.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-