Ola Feminista

Una ola inunda a Chile y el mundo para enrostrarnos que las mujeres están en desventaja frente a los hombres.

La constatación cultural de esta realidad no debiera nublar la razón hasta el punto de aceptar cualquier patraña, pues un mal diagnóstico es el punto de partida para poner en práctica malas soluciones.

Una patraña, por ejemplo, es afirmar que el desmedro de la mujer es consecuencia de una sociedad patriarcal capitalista. Nunca antes del capitalismo la sociedad brindó a las mujeres las oportunidades y beneficios que tienen luego del advenimiento de éste. El trabajo remunerado de la mujer parte en las fábricas que le permiten salir del hogar donde su trabajo no recibía pago. En su versión actual, con las compañías más valiosas del mundo en la industria de la información, el capitalismo evolucionó para brindar más oportunidades a las mujeres al desplazar recursos desde procesos productivos en los que predominaba la fuerza a aquellos en que las mujeres se desempeñan mejor o igual que los hombres.

¿Significa esto que las mujeres ya no están en desventaja? Para nada. Sólo que no es culpa del capitalismo, que si algo ha hecho es acortar brechas al brindar oportunidades a las mujeres. Muchos abusos a mujeres han sido normalizados culturalmente por la sociedad justamente por la indefensión en que están ellas frente al mayor poder económico de los hombres de su entorno.

Por lo demás, las alternativas contemporáneas al capitalismo han sido todas tremendamente abusivas con las mujeres.

¿Cómo avanzar entonces hacia un estado de cosas que elimine las desventajas que tienen hoy las mujeres en nuestra sociedad? Primero, reconociendo la brecha. Valorar los progresos que la mujer ha hecho en los últimos años no significa caer en el conformismo. Aún queda mucho por hacer y la manera de avanzar es identificando correctamente los problemas e incorporando a las instituciones de la sociedad en la solución a ellos.

Hay que reconocer que la desventaja femenina tiene un componente cultural y también uno normativo y se debe trabajar en los dos ámbitos. Tratándose del componente normativo, las leyes pueden ayudar a igualar los derechos; pero es importante que los cambios regulatorios vayan de la mano de los culturales. Desde ese punto de vista, es positivo que instituciones de la sociedad civil se involucren activamente en enfrentar las culturas machistas que prevalecen en ellas. Por eso la elaboración de protocolos y reglamentos en diversas instituciones, sin ser la única solución, es importante. Los procedimientos entregan certeza y no todo se puede regular por ley. Los protocolos, además, reducen ambigüedades o miradas distintas que pudieran existir acerca de qué constituye menoscabo y qué no lo es.

Lo que de todos modos debe regularse por ley son atropellos a derechos civiles y ciertamente las situaciones de abusos sexuales lo son y aún hay vacíos en la legislación sobre la materia.

Más compleja y menos obvia es la solución en materias sociales, especialmente derechos o beneficios exigibles por los tribunales. Aquí la sociedad debiera llegar a ciertos consensos básicos. Por ejemplo, la maternidad de las mujeres origina mayores costos médicos. ¿Es justo que la mujer pague por ellos, o es la sociedad la que debiera hacerse cargo? La agenda anunciada por el Presidente Piñera parece bien orientada al recoger estos criterios y avanzar en el reconocimiento de igualdad de derechos y dignidad de las mujeres. Quienes usan el feminismo sólo como una careta para atacar a Piñera por supuesto criticarán las medidas y aquí se revelaron varios feministas de cartón, que juran que harán sacrificios para compensar a las mujeres, pero que a la primera de cambios ponen el grito en el cielo porque los hombres pagarán parte del costo de la maternidad en los seguros de salud.

La ola feminista ha llegado a nuestras costas. No es aconsejable ignorarla ni combatirla, pero tampoco dejarse llevar por ella irreflexivamente porque podemos golpearnos en la cabeza. Lo mejor es entenderla y usar su fuerza y energía para construir juntos una sociedad mejor.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-