El triunfo de Chile Vamos y la doble derrota de la izquierda

Las elecciones primarias han despejado toda duda respecto del buen pie en que se encuentra Chile Vamos de cara a las elecciones generales de noviembre próximo. En primer lugar, en lo que concierne a la capacidad de movilización, Chile Vamos ha logrado neutralizar el creciente proceso de desafección hacia la política y también el temido factor exógeno de la final de la Copa Confederaciones, motivando a 1,3 millones de electores que optaron por salir del rol de una oposición pasiva, para enviar una potente señal política de fortaleza, una cifra de participación que cuadruplica a la del Frente Amplio. El anhelo de cambio en dirección a la centro derecha, se ha visto reflejado en electores que han tomado conciencia -por los efectos del actual gobierno- de lo relevante que es involucrarse en este tipo de procesos.

En segundo lugar, la elección refleja un contundente porcentaje de respaldo al ex Presidente Piñera, quien se impuso con un 57% de las preferencias, doblando la votación se su contendor más cercano, Manuel José Ossandón. Con estas cifras, Piñera consolida su liderazgo dentro del bloque de centro derecha y legitima su proyecto en torno a los principios de libertad, justicia, progreso y solidaridad, opacando las liderazgos de raigambre local y tono confrontacional en el intérprete de Ossandón y a un proyecto aún en estado germinal como el de Felipe Kast, que sin lugar a dudas será relevante en un futuro próximo, pero que no fue capaz de persuadir al grueso de los votantes de centro derecha, de que el valor en juego en esta elección, no era el de la renovación de la derecha.

El factor mal gobierno, el deterioro de la actividad económica, la lógica de la retroexcavadora, la delincuencia galopante y la pérdida de libertades en áreas esenciales como educación, configuraron un escenario en el que la decisión de voto enfrentaba a dos proyectos antagónicos en disputa. Uno, con un compromiso de enmendar el rumbo en términos de generación de empleos, fortalecer el combate a la delincuencia, recuperar la capacidad de crecer y recomponer los términos del intercambio político sobre la base del diálogo y los acuerdos. Mientras que en la vereda contraria, el Frente Amplio simbolizaba la ruptura definitiva con un orden político y económico que ya ha sido amenazado por la Nueva Mayoría.

Enseguida, los grandes derrotados parecen ser las fuerzas de la izquierda. La escasa participación en la primaria del Frente Amplio es el fiel reflejo de que el discurso maximalista, radical y rupturista no tiene mayor penetración social, con esto, se deslegitima la tesis del aparente malestar galopante y de la supuesta “gran conspiración” denunciada por los cuadros frenteamplistas entre el empresariado y la clase política. Los datos ponen de relieve que la narrativa del Frente Amplio reverbera en acotados sectores acomodados, de territorialidad metropolitana, en una segmentación juvenil y donde la identificación política parece ser más bien un fenómeno pasajero quizás atribuible a la novedad y no una gran corriente de opinión. Los chilenos no se han dejado seducir por cantos de sirena.

El otro gran derrotado, por cierto, es la Nueva Mayoría. Su ausencia en la papeleta simbolizó la incapacidad de alcanzar un acuerdo para que fueran sus propios adherentes quienes dirimieran democráticamente al candidato de sus filas. Por otra parte, la mezquindad en el tratamiento de la propia elección primaria, al reducir a cero los estímulos a la participación desde el Ejecutivo, dejaron entrever el ánimo de privar a la ciudadanía de un sano ejercicio democrático, por culpa de sus propias privaciones y vicios como coalición.

En relación a lo que viene por delante, Chile Vamos debe retomar lo que fue la tónica inicial de esta campaña en términos de revestir toda negociación e intercambio programático bajo un sólido esquema de unidad dentro de sus filas. Si algo ha operado como un gran elemento diferenciador de la centro derecha respecto de la izquierda durante el último año, ha sido la cohesión y la convergencia expresada en unidad en torno a un proyecto de retorno al gobierno. De ahí que el respeto por el carácter vinculante de la decisión de los electores de Chile Vamos y el alineamiento irrestricto de los candidatos derrotados con el vencedor, sean cuestiones esenciales, a efectos de dar vigencia al espíritu de la ley de primarias y de ratificar el mensaje de expectativa y confianza que de manera contundente han transmitido los electores de Chile Vamos.

Columna de Jorge Ramírez, Coordinador del Programa Sociedad y Política de Libertad y Desarrollo, publicada en  Pulso.-