Lamentablemente Chile no es un paĆs rico; todavĆa nos falta para alcanzar el nivel de ingresos de los paĆses desarrollados. Por eso debemos tener especial preocupación a la hora de decidir en quĆ© gastamos los escasos recursos pĆŗblicos con que contamos.
Durante su primer aƱo el gobierno desafió los nĆŗmeros, haciendo promesas que a la larga no podrĆa cumplir. En primer lugar, partió impulsando una reforma tributaria a toda carrera, despreocupĆ”ndose del impacto que Ć©sta tendrĆa en la generación de ingresos en el largo plazo, supuestamente por la urgencia de financiar proyectos en materia de educación escolar. Con esa reforma se obtendrĆan US$ 8.200 millones (en rĆ©gimen), de los cuales US$ 5.000 millones irĆan a financiar iniciativas en educación. En ese momento les pareció suficiente, pero hoy -al parecer- estĆ”n aterrizando en la realidad de que las iniciativas pueden ser ilimitadas y que habrĆ” que priorizar. Veamos los nĆŗmeros.
El 21 de mayo pasado, la Presidenta Bachelet comprometió recursos para la construcción de salas cunas y jardines infantiles. El costo aproximado de esta iniciativa en rĆ©gimen serĆa del orden de US$ 500 millones, sólo en lo que se refiere a cobertura, sin tomar medidas que mejoren la calidad de la provisión.
En materia de educación escolar, se envió el proyecto de ley para terminar con los establecimientos subvencionados con fines de lucro y con el copago, y crear un nuevo sistema centralizado de admisión. El costo de esta iniciativa en rĆ©gimen, segĆŗn el informe financiero, serĆa del orden de los US$ 1.500 millones anuales, a los que hay que sumar el nuevo fondo para la educación municipal que se aƱadió durante la tramitación, con un costo de US$ 417 millones anuales.
Ahora bien, hay varios costos que el informe financiero de este proyecto no incluyó. Primero, la incorporación de los establecimientos educacionales que no han suscrito la SEP. Dado que Ć©ste es un supuesto y un objetivo del proyecto (que todos los colegios suscriban a ella), debiĆ©ramos sumar US$ 200 millones anuales mĆ”s. Asimismo, el nuevo sistema de admisión centralizado en el Mineduc, el personal necesario para la fiscalización de las nuevas normas, la creación de capacidades en las escuelas para poder integrar a los alumnos con necesidades educativas especiales (como la ley obliga), y el valor que tendrĆ” que pagar el Fisco para asegurar la continuidad del proceso educativo de quienes se queden sin colegio producto de eventuales cierres; todos estos gastos tampoco fueron reconocidos en el informe financiero, aun cuando sabemos que podrĆan alcanzar sumas importantes.
La eliminación del financiamiento compartido se espera cubrir con incrementos en la subvención. ¿CuÔntos recursos se necesitarÔn? ¿Existe un cronograma? Debiéramos también incluir como mayor gasto producto de la reforma del gobierno, los recursos que vayan a suplir el copago, que hoy permite recaudar US$ 600 millones anuales.
En lo que dice relación con los profesores, se acaba de aprobar la entrega de un bono de incentivo al retiro, con un costo de US$ 195 millones por una sola vez. Dado que no existen suficientes incentivos para que los docentes jubilados abandonen la dotación docente, no es aventurado pensar que este bono se seguirĆ” entregando en el futuro, pasando a ser un gasto permanente. El anhelado proyecto de carrera docente, en tanto, podrĆa llegar a costar mĆ”s de US$ 2.000 millones anuales. Por lo menos este proyecto sĆ apunta a mejorar la calidad educativa.
La desmunicipalización tambiĆ©n fue una promesa de campaƱa. El costo de Ć©sta es incalculable: se deberĆ” financiar al menos el saneamiento de las deudas, el traspaso de profesores y de infraestructura si es que cambia la entidad sostenedora, y un incremento de la subvención hasta el nivel que permita entregar una educación de calidad. SegĆŗn estimaciones de Accioneducar, sólo el primer aƱo de implementación podrĆa costar mĆ”s de US$ 1.200 millones. Suma y sigueā¦
En educación superior tambiĆ©n se han comprometido nuevos recursos. El informe financiero del proyecto, que crea dos universidades estatales en AysĆ©n y OāHiggins, considera un mayor gasto pĆŗblico de US$ 26 millones para la implementación durante los tres primeros aƱos. Sin embargo, no se especifica cuĆ”l serĆ” el gasto pĆŗblico futuro en rĆ©gimen para hacer funcionar estas universidades. Lo mismo ocurre con el proyecto que crea 15 CFT estatales en regiones: el informe financiero estima US$ 190 millones para los cuatro primeros aƱos, pero nada dice sobre el financiamiento posterior.
Y por Ćŗltimo, la promesa de la Presidenta de financiar la gratuidad universal de la educación superior. SegĆŗn nuestras estimaciones, para mantener el sistema tal como estĆ” hoy, se requerirĆan un mayor gasto de al menos US$ 4.500 millones anuales.
AsĆ, el Gobierno ha comprometido ya mĆ”s de US$ 11.000 millones anuales. Hay algo que no calza, juzgue usted mismo. Es fĆ”cil hacer promesas al aire para convencer a los electores, pero una vez en el poder, hay que cuadrar la caja. Lo que se espera de un gobierno responsable es que desde el principio elabore un plan concreto, bien estudiado, y que asegure, primero, que los recursos alcancen; y segundo, que Ć©stos no terminen en el tarro de la basura, sino que mejorando, en este caso, la calidad y las oportunidades en educación. Es momento que el gobierno se ponga responsable y decida quĆ© iniciativas va a privilegiar y cómo las va a financiar.
Columna de MarĆa Paz Arzola, investigadora del Programa Social de LyD, publicada en Voces de La Tercera.-