UNA RESPONSABILIDAD MÁS GRAVE

REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE CECILIA CIFUENTES, ECONOMISTA SENIOR DEL PROGRAMA ECONÓMICO DE LYD, PUBLICADA EN VOCES.

Cecilia Cifuentes

Uno de los temas de discusión macroeconómica más recurrente en estos días es la profundidad de la desaceleración de la actividad y sus posibles causas. Las cifras son elocuentes y muestran que el ajuste de la inversión, y más recientemente del consumo, sólo son comparables con el que se vio luego de la crisis sub-prime. Sin duda, más temprano que tarde, veremos también un alza en la tasa de desempleo. Es evidente que parte de esta desaceleración se explica por el fin del ciclo minero, y de hecho economías parecidas, como la peruana, también han perdido dinamismo. Sin embargo, una comparación con países similares muestra que el ajuste en Chile ha sido notoriamente más pronunciado. Las causas de este fenómeno pueden ser variadas; la mayor apertura de Chile, la gran importancia que tiene la minería en la economía y muy probablemente, la incertidumbre que genera la reforma tributaria, junto con los desincentivos al ahorro y la inversión que ésta contiene. La implementación de un mecanismo de depreciación instantánea por un año luego de que se apruebe la nueva legislación impositiva probablemente exacerba el ajuste actual, ya que lleva a postergar inversiones a la espera de que la norma entre en vigencia. Es efectivo entonces que las nuevas autoridades no son las responsables exclusivas de esta preocupante pérdida de dinamismo de nuestro país.

Sin embargo, y reconociendo que efectivamente la población, en su mayoría, estuvo de acuerdo con cambiar el sistema tributario chileno (probablemente sin conciencia de que los mayores impuestos los terminamos pagando todos), el nuevo gobierno y la coalición que lo respalda tienen una responsabilidad mucho mayor en las dificultades que enfrentará nuestro país en los próximos años. Esto porque el fin del ciclo expansivo generado por el boom minero era un hecho conocido y ya evidente hace más de un año, a lo que se sumaban los fuertes requerimientos de capital que tiene nuestra “gallinita de los huevos de cobre”. Era cosa de sumar dos más dos para saber que las holguras fiscales se revertirían totalmente. A pesar de eso la coalición ahora gobernante se embarcó en un amplio set de promesas de mayor bienestar para todos, financiado con recursos públicos que, incluso considerando la reforma tributaria, iban a ser claramente insuficientes para cumplir las promesas. La campaña política tuvo entonces un carácter fuertemente populista.

A casi tres meses de iniciado el gobierno muy poco se ha hecho para moderar estas expectativas de un creciente Estado Benefactor, o Estado Social de Derechos, como lo llama el gobierno. Se da a conocer también una reforma educacional que probablemente terminará costando más de lo presupuestado, y que finalmente es sólo una transferencia gigantesca de recursos a sectores medios y altos, sin que se perciba ningún elemento que contribuya a lo que es tremendamente prioritario en Chile, mejorar la calidad de la educación que reciben los sectores de ingresos bajos y medios.

La situación fiscal de corto y mediano plazo es compleja, tema que está completamente ausente de la discusión actual. La reforma tributaria va a recaudar menos de lo presupuestado, producto de un menor crecimiento de la economía. Es evidente que la respuesta no es subir aún más los impuestos, dañar más el crecimiento y no resolver el problema. Lo que corresponde es utilizar el capital político de la presidenta en moderar de una vez la instaurada noción de que todos tienen derecho a vivir mejor sin esfuerzo adicional, en vez de comérselo en reformas estructural cuyos resultados no son para nada evidentes en términos de atenuar la desigualdad.