EL PATERNALISMO MINISTERIAL

A CONTINUACIÓN, REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE ÁLVARO BELLOLIO, COORDINADOR DEL PROGRAMA SOCIEDAD Y POLÍTICA DE LYD, PUBLICADA EN CHILE B.

Las declaraciones del ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, con respecto a la elección de los padres, en especial con respecto a la educación particular subvencionada, son las siguientes: Las familias son seducidas por ofertas de colegios ingleses que solo tienen el nombre en inglés y que por $17.000 ofrecen al niño que posiblemente el color promedio del pelo va a ser un poquito más claro. Una cantidad enorme de supercherías que nada tienen que ver con la calidad de la educación“.

Los dichos del ministro, que pueden ser tildados de clasistas, calificando a las familias tanto de arribistas como de ignorantes, desnudan una realidad que se hace cada vez más presente, en especial en el actual gobierno: la de creer que saben mejor que las propias personas qué es lo que les conviene hacer con sus vidas y sus bienes.

El ministro Eyzaguirre no toma en cuenta que los padres, independiente de su nivel educacional o socioeconómico si toman decisiones razonables, no son “engatusados” por el nombre del colegio, sino que ponderan factores como distancia y calidad del establecimiento (Paredes, Chumacero, 2012), relación con los profesores e infraestructura de la escuela.Si bien es cierto que mientras más información exista, mejor se tomará la decisión, es a lo menos bastante soberbio el pensar que sólo el Ministerio de Educación, o el Estado, es el que mejor define el lugar ideal para que estudien nuestros hijos.

El problema es que este ejemplo es sólo un caso más de la postura que muchos intelectuales y políticos de la Nueva Mayoría muestran hoy en día, como lo podemos apreciar también en el caso de la “Ley Super8″ que prohíbe la venta de alimentos altos en azúcar y sal, en desmedro de programas como “Elige Vivir Sano”. También lo podemos ver en la prohibición de la venta de remedios sin receta en supermercados, como Vitaminas y Aspirinas, a pesar de que genera un beneficio en las personas al disminuir los costos, debido a que puede causar problemas si se consume en exceso. A su vez,este paternalismo es la postura que plantea que sea obligatorio que las radios transmitan música de intérpretes chilenos, en desmedro de que las personas puedan elegir que desean escuchar.

Es decir, constantemente somos cuestionados en nuestra capacidad para elegir lo que creemos que es mejor para nosotros, “librándonos” de la responsabilidad de equivocarnos. Si bien existen teorías para guiar el comportamiento, ampliamente estudiadas y con casos prácticos como los que expone Richard Thaler en su libro “Nudge”, uno de los más importantes sobre la economía del comportamiento, en estos casos las decisiones siguen siendo libres, y no impuestas por el burócrata de turno.

El desafío es tratar de empoderar a los ciudadanos, de manera que con la información disponible, puedan tomar sus propias decisiones, pero alejarse del paternalismo, que Carlos Peña describe muy bien:el paternalismo, es decir la convicción de que hay grupos a los que es mejor no dejar escoger por sí solos porque actúan movidos por la ceguera, la ignorancia o la estupidez, motivo por el cual hay que protegerlos privándolos del peligro de elegir, esconde el más profundo y peor de los desprecios: reposa sobre la idea que quienes los integran no pueden ser autónomos, porque poseerían una capacidad menguada cuando se la compara con la plena lucidez que, claro está, posee el paternalista“.

Para terminar, tal como decía Isaiah Berlín, se debe desconfiar de aquellos que se muestran como iluminados, con soluciones únicas y verdades absolutas, que creen que por estar en un puesto de poder son capaces de tomar mejores decisiones que las propias personas, con un paternalismo que sólo reduce a las personas en vez de empoderarlas, pensando que no son capaces de poder decidir su destino y el de su familia.