LOS DESAFÍOS EN AÑO ELECTORAL: EL ARTE DE INTERPRETAR LOS MENSAJES

A continuación reproducimos la columna de Jorge Ramírez, investigador del Programa Sociedad y Política, publicada en La Segunda:

Este 2013 debiera ser distinto al 2012 desde el punto de vista político. Mientras el 2012 estuvo marcado por la elección municipal, y el fantasma de la abstención. Se espera que el 2013 sea algo distinto. ¿Por qué? Fundamentalmente porque se espera que como en todo proceso adaptativo - la actividad política no escapa a esta lógica - los actores acomoden sus lógicas de acción sobre la base del aprendizaje adquirido. Nuestros candidatos al Congreso y la Presidencia ya no tendrán la excusa del desconocimiento del nuevo escenario electoral. Ahora es posible saber con cierto grado de certeza quienes votaron y quienes no, en qué regiones lo hicieron, a quienes favorecieron y a quienes castigaron; y a partir de aquello inferir cuestiones decisivas para toda campaña electoral. Es simplemente saber interpretar los mensajes, aunque esta interpretación tiene mucho de arte.

Esta interpretación supone sintonizar con ciertas cuestiones del clima de opinión, sin caer en la tentación del populismo y la demagogia soslayando los principios y la consecuencia con un domicilio político referenciado y conocido por el electorado. En definitiva, el arte de hacer política supone interpretar un repertorio propio, y no ajeno a nuestras visiones de política pública. De obviar esta dimensión del asunto, la respuesta natural del electorado es la configuración de una imagen de incongruencia y descrédito, y agudizar esta imagen ya presente en la ciudadanía -basta mirar cualquier encuesta al respecto- supone un problema no menor para nuestro sistema político.

Enseguida, está el tan renombrado desafío de "re-encantar al electorado". Aunque este asunto requiere un análisis especial. Éste es por definición un problema bilateral, hay dos partes involucradas: candidato y elector. Si bien sabemos que el voto voluntario traslada la atención a la oferta política (candidato) y la necesidad de que ésta aparezca con mensajes y propuestas más atractivas tanto en fondo como en forma, nadie -o pocos- profundizan en el rol del electorado en el contexto actual. Como electores, somos algo inconsistentes, por un lado, demandamos mayores niveles de participación, pero a la hora de asociarnos con un par - y para qué hablar de asociarnos con un candidato- para resolver un problema público, no somos capaces. Por una lado, exigimos pero por el otro no contribuimos.

La calidad de la democracia no es sólo un problema de oferta, por ponerlo en lenguaje económico, sino que también es un problema de demanda. Y aunque sea impopular, es preciso decirlo. Las democracias consolidadas muestran niveles de asociatividad e involucramiento cívico significativamente mayores que la nuestra, de ahí que los equipo de campaña en EE.UU y en países de Europa cuenten con una densa red de voluntarios que no sólo se dedican a agitar banderas en la esquina de turno, sino que realmente transmiten un mensaje político y activan ese espíritu cívico entre sus pares.

En síntesis, este año electoral será idóneo para evaluar tanto la calidad de nuestros intérpretes políticos, como de nosotros, la audiencia, en este gran concierto eleccionario.