
La negociación por rama conllevaría una serie de inconvenientes, toda vez que podría perjudicar a las empresas de menor tamaño, que se verían obligadas a asumir mínimos que, atendida su estructura productiva, sean muy costosos de cumplir, lo que podría marginarlas del mercado destruyendo puestos de trabajo.
Además, considerando que Chile es una economía abierta, el aumento de remuneraciones que no vaya a la par con la productividad afecta directamente el costo del bien o servicio, lo cual, sin los estímulos adecuados, implicará necesariamente el incremento en los precios a los consumidores - que son los mismos trabajadores- e incluso la sustitución por importaciones, la migración de capitales hacia el exterior o el cambio de trabajo por capital, como ya sucede con las ventas por internet o autoservicios.
Opinión de Sergio Morales, abogado del Programa Legislativo de LyD, publicada en Pulso.-