- El Índice de la Riqueza de las Naciones (Wealth of Nations Index, WNI) 2026 muestra que la calidad del gasto público está disminuyendo, incluso cuando los gobiernos son más grandes y costosos.
- Estados Unidos, Noruega y Suiza continúan liderando el ranking, mientras que Ucrania, Colombia y México se encuentran al final de la tabla.
- Chile ocupa el puesto 36, por debajo de la posición que tenía hace una década (34). Aun así, es la economía latinoamericana mejor posicionada entre las tres de la región incluidas en el índice.
El Índice de la Riqueza de las Naciones (Wealth of Nations Index, WNI) es elaborado por el Warsaw Enterprise Institute (WEI) como una medición alternativa al Producto Interno Bruto (PIB). En términos generales, el WNI es una forma de medir el ingreso real de un país. Mientras que el PIB considera que todas las unidades de gasto tienen el mismo valor, independientemente de quién las realice, el WNI distingue entre el gasto privado y el gasto público. Bajo el principio de “preferencia revelada”, asume que el gasto privado refleja directamente las necesidades y preferencias de las personas, por lo que lo incorpora íntegramente en su medición. En cambio, el aporte del gasto público se evalúa según los resultados y beneficios efectivos que genera para los ciudadanos en distintas áreas de acción estatal. De este modo, el WNI compara el tamaño de la economía privada con una medida de cuánto reciben realmente los ciudadanos por parte del Estado en siete áreas (que corresponden de manera aproximada a la Clasificación de las Funciones del Gobierno de la OCDE): defensa, seguridad interna, infraestructura, medioambiente, salud, educación escolar y educación superior.
La edición 2026 abarca 40 economías y fue elaborada en colaboración con 20 centros de estudios alrededor del mundo —dentro de los cuales se encuentra LyD—. Los resultados muestran que Estados Unidos, Noruega y Suiza continúan liderando el ranking, mientras que Ucrania, Colombia y México se encuentran en las últimas posiciones. En tanto, Rumania, Croacia, Grecia y Bulgaria destacan como los países que más han avanzado en la última década e Irlanda y la República Checa registran las mayores caídas este año.
Chile, por su parte, se ubica en el puesto 36, por debajo de la posición que ocupaba hace una década (34), siendo una de las pocas economías que se encuentra en peor situación que en 2015. Aun así, es la economía latinoamericana mejor posicionada de las tres incluidas en esta edición. La calidad de su gasto público se encuentra por debajo de economías comparables, afectada por una salud estancada, una debilidad en medioambiente y un deterioro de la seguridad interna. En contraste, la infraestructura y la educación superior son sus fortalezas relativas. El problema más profundo es que el crecimiento de la actividad económica ha sido inferior al crecimiento de la población.
RESULTADOS GENERALES
En la mayoría de los países analizados —27 de 40—, los ciudadanos obtuvieron menos valor por cada unidad de gasto público en 2026 que hace una década. Los presupuestos crecieron, pero los resultados no avanzaron al mismo ritmo.
El deterioro comenzó tras la pandemia. Luego de haber mejorado en términos generales hasta 2021, la calidad del gasto público ha retrocedido en gran parte de los países analizados, aun cuando el crecimiento del sector privado se ha reducido aproximadamente a la mitad y se ha vuelto negativo en más de una docena de economías.
En los primeros lugares del ranking, Estados Unidos, Noruega y Suiza continúan marcando la pauta, combinando grandes economías privadas con Estados relativamente eficaces. Sin embargo, el verdadero impulso proviene de las economías en vías de desarrollo de Europa Central y Oriental, especialmente Rumania, seguida de cerca por Croacia, Bulgaria y Grecia.
Polonia, por su parte, constituye un caso de estudio de una paradoja similar. Su economía se ha desacelerado notablemente, aun cuando el sector público sigue expandiéndose. Las causas son diversas, pero los analistas destacan especialmente la inestabilidad regulatoria y la creciente carga burocrática —incluyendo un esfuerzo de desregulación que nunca ha avanzado lo suficiente—. Asimismo, señalan que cada año el sistema tributario se vuelve más complejo e impredecible, a medida que se van añadiendo impuestos sectoriales y se aumentan los impuestos específicos con poco o sin ningún aviso.

