Entrevista a Eugenio Guzmán, Decano de la Facultad de Gobierno de la UDD, y el conflicto social y proceso constituyente: “PARA BIEN O PARA MAL, ES LA CLASE POLÍTICA LA LLAMADA A RESOLVER ESTO”

Para Eugenio Guzmán, Decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, nadie honesto intelectualmente puede atribuirse el haber anticipado una crisis social y política de la magnitud de la que vive el país desde octubre pasado. Y su explicación al hecho de que a pesar de los anuncios de la nueva Agenda Social y del proceso constituyente, los actos de violencia no hayan aminorado es clara.

“Tengo la impresión de que hay dos cosas distintas. Primero hay un fenómeno con una suerte de coordinación razonablemente aplicada -habría que ser muy ingenuo para pensar que las estaciones de Metro destruidas, los incendios en supermercados y los saqueos no fueron coordinados-. Eso es distinto al movimiento de protestas y cómo se pliegan. Fueron dos fenómenos que confluyeron: los estallidos de violencia, tomas de supermercado, generaron un ambiente subversivo, prerrevolucionario en que mucha gente descontenta con lo que les ocurre -algunos de manera ideológica y otros sólo respondiendo a la cotidianeidad que los afecta- se sintieron en la necesidad de manifestar sus opiniones. Pero con el paso de las semanas, esos dos fenómenos que parecían confluir ya no siguen por la misma cuerda y la masividad se perdió, pero la sensación de miedo ante la violencia es significativa.

¿A qué atribuye la violencia si el Gobierno prácticamente ha respondido a cada una de las peticiones de la ciudadanía?

Básicamente, la violencia no se acaba porque los sectores que la están gatillando no responden a un liderazgo, no responden a una demanda social única o particular. El tipo de rayado que se ve en las calles en algunos casos son demandas, en otros son eslóganes muy básicos ideológicamente hablando como “abajo el capitalismo”. Desde  ese punto de vista, estamos enfrentados a un sector muy radical y por otro lado, a sectores cuasi delictuales como es el caso de las barras bravas que impiden el funcionamiento de un campeonato de fútbol, que además tienen control en ciertos sectores poblacionales y  que hoy salen con la misma lógica de los piqueteros que asaltan acá y allá. Todo ello, en un contexto de una fuerza policial bastante cansada, desgastada, a veces sin estrategia para enfrentar esto, ya sea por falta de recursos o de logística.

¿Cómo calificaría el accionar el Gobierno en esta crisis?

Yo creo que el Gobierno ha tenido varios momentos. Nadie dudaría que en su minuto se vio desbordado, pero eso le habría ocurrido a cualquier gobierno. Pero sí me hace sentido la crítica que se ha hecho de que reacciona lento, y en ese sentido, no entendió una lógica que pasó el 2011 y que fue reaccionar tardíamente y a tirones, ofrece una cosa, después otra. Ese año el movimiento comenzó con los pasajes de micro escolar y terminó con la gratuidad, hoy no sabemos si terminamos en cambio constitucional o algo más profundo, pero la cosa es que el Gobierno no logra llegar. Es cierto, alguien podría decir que no existen los recursos, pero desgraciadamente en estas cosas, el gobierno tenía como estrategia, originalmente, una agenda social, pero con muchas cosas pequeñas a pesar de que las grandes preocupaciones de la gente eran Previsión, salud y un par de temas más.

Guzmán agrega que el Gobierno fue cediendo a los pedidos muy en la línea “lista de supermercado”, cuando “acá lo que se estaba produciendo era un asalto con características de secuestro que, en esas circunstancias extraordinarias, los medios para responder también debían serlo”.

NUEVA CONSTITUCIÓN

Para Guzmán, el tema constitucional finalmente se le “coló” al Gobierno por la ventana, ante la imposibilidad de entrar con una agenda social con propuestas más llamativas.

En el tema constitucional, ¿usted va a votar a favor o en contra de una nueva Constitución?

En lo personal no estoy tan de acuerdo con un cambio constitucional porque lo que tenemos hoy día no es la Constitución de 1980, esa desapareció hace mucho tiempo. Ha habido numerosas reformas, que uno puede estar de acuerdo o no. Todo este momento constitucional nos tiene que permitir tener la capacidad reflexiva para hacer las cosas razonablemente bien.

Sin embargo, asegura que es “un arma de doble filo: si lo que se diseña en su conjunto no tiene coherencia, vamos a tener que terminar con un mamarracho de Constitución”.

¿Cuál es el mayor temor frente a esta suerte de carta en blanco para dibujar la nueva Constitución?

No creo en la tesis de la carta en blanco. Hay lo que muchos actores llaman la Constitución soberana, o la subyacente, porque nada se construye en una hoja en blanco. La definición de una Constitución es el Estado.

Los temores están en otro sentido: que lo acordado sea un simple listado, sin coherencia entre todo. “Para ser coherente ese conjunto debe ser presentado a la ciudadanía y ser aprobado de una manera amplia. Si no es ese el procedimiento, si tenemos una herramienta que no es coherente -y que informa a todo el conjunto de leyes de una sociedad- obviamente afectará al resto de las leyes y deberá ser enmendada.

¿Cuáles son a su juicio los “intransables” de la Constitución?

Es que no me gusta la palabra intransable. Hay que tener mucho cuidado con los términos.

Lo que me importa tiene que ver con el modo cómo ciertos derechos se manifiesten en el texto constitucional. Para decirlo más resumidamente, yo creo que lo que importa es que los principios que estén en la Constitución sean lo suficientemente sólidos, con exigencias de quórums importantes y que tengan la suficiente claridad como para informar a aquellos elementos que no están en ella. Eso es lo más importante de asegurar.

¿Cómo ve la disposición de la oposición de llegar a acuerdos?

El riesgo que uno ve en todo esto es que uno hubiera pensado -aunque estoy cada vez más escéptico-, que es en estos momentos cuando se pide una cuota de altruismo o de magnanimidad a los actores políticos que probablemente no estén en condiciones de dar. Y cuando hablo de magnanimidad hablo de grandeza de espíritu, de valentía, pero me temo que en estos momentos es tan fuerte la tentación de seguir provocando de aquellos que no quieren participar, que quieren que esto fracase, que se terminan anteponiendo los intereses individuales, ante todo.

Guzmán asegura que, si el electorado empieza a percibir que los políticos no son capaces de ponerse de acuerdo, la opción de una Convención Mixta no va a prosperar.

Uno de los principales puntos del Acuerdo era el restablecimiento de la paz. Piñera anunció un proyecto para que las Fuerzas Armadas resguarden obras críticas, lo cual no fue bien recibido por sectores que incluso participaron de él. ¿Cómo resolver esto?

No se puede hacer un acuerdo social con miedo. No tiene ninguna validez y es la misma crítica que se le hace a la Constitución del 80: cómo se puede considerar legítima una Constitución que surge en un momento no democrático… y en este caso, si bien estamos en democracia, el ambiente está empapado de temor, inseguridad, etc.

Yo creo que en principio uno debería estar de acuerdo con la idea planteada por el Ejecutivo, pero por otro lado también puede ser discutible. En ese sentido, leería el llamado más desde el punto de vista político: Piñera puede hacer esto simplemente a través de un Estado de Emergencia, pero él necesita que la política, de alguna manera, lo apoye y ese es el llamado que está haciendo.

Guzmán enfatiza que lo que tiene que existir es un acuerdo transversal entre los políticos que condenen la violencia. Sin embargo, asegura que gran parte de ellos están secuestrados por el temor que imprime esta percepción de que el vandalismo es la calle y la calle es lo que quiere el país. “Nuevamente hay un acto de magnanimidad y de valentía del mundo político que no se ha logrado y se está mostrando en cosas de esta naturaleza”.

2021

¿En qué debiera terminar todo esto? ¿En qué pie queda el Gobierno para los próximos años?

En los próximos dos años vamos a estar sumidos en elecciones: dos plebiscitos, elecciones de gobernadores, de cores, de alcaldes, de asambleístas, de parlamentarios, de Presidente.

No sé cuánto resista el sistema en ese sentido. Si los actores políticos no tienen esta vocación magnánima y de valentía -que en algunos casos hemos visto-; si los medios de comunicación no tienen la precaución con aquello que se presenta como noticia -ya que muchas veces olvidan que el sólo hecho de mostrar o expresar un gesto sesga la información entregada-; si el Gobierno no tiene la capacidad en un momento dado de hacer una propuesta más densa y concluyente en materia social; y si no se controla la violencia, esto puede continuar, sin resolverse nada.

Por el contrario, si se ve el ánimo, la capacidad, la virtud, esa disposición de cooperar evidentemente de aquí a la próxima elección en dos años más vamos a ser capaces de tener un cuerpo constitucional razonable, un nuevo gobierno, nuevas autoridades, nuevos desafíos, un nuevo orden. Probablemente puede ser más o menos distinto del actual, pero con muchas mayores herramientas culturales o emocionales para enfrentarlo.

Usted pone todas las esperanzas en la clase política para llegar acuerdos. ¿Ha estado a la altura?

Es que no veo otra opción. ¿Quién más va a hacer esto? ¿Se va a hacer en una plaza pública? Es interesante promover cabildos y encuentros ciudadanos para darle legitimidad al proceso constituyente, pero son los políticos los llamados a llegar a acuerdos. Si es la Asamblea, entonces no tengamos democracia… el caso de Venezuela es patente, Ecuador y Bolivia es cosa de ver cómo terminaron? Casos exitosos como el de Colombia no son comparables. Para bien o para mal, es la política la llamada a resolver esto y es ahí donde el mundo más intelectual e ilustrado debe presionar.

RECUADRO

¿Qué va a pasar con Carabineros?

Carabineros es una institución jerarquizada, que fue diseñada muy al modo como han sido diseñados los otros cuerpos militares. Y la pregunta es si siendo de otra manera sería más efectivo o eficiente su actuar, pero la verdad es que no tengo contrafactual como para saber si sería así. En Chile tenemos claramente un problema en el ámbito delictivo, que a veces se estanca, pero llevamos décadas como un fenómeno que no hemos podido controlar. A eso se le agrega el tráfico de drogas y estupefacientes.

¿Qué debemos reformar? ¿Transformarla en una policía del tipo civil? ¿Eso significa que vamos a tener dos policías civiles -la PDI y Carabineros- ¿Debemos flexibilizar ciertas normas? A mí no me queda claro.

¿Cree que ha existido mano blanda del Gobierno en el combate a la violencia?

No sé si Carabineros tiene los suficientes efectivos para actuar, ni las capacidades suficientes ni con las estrategias logísticas. Pero no hay que olvidar que lo que estamos enfrentando hoy es una pérdida del concepto de autoridad, un desafío a la autoridad. Carabineros no ha sido capaz de hacerse obedecer.

Mucho se le critica al Gobierno que no ha sido capaz de dar un apoyo explícito a Carabineros en estos casos y por lo mismo se ha producido una desmoralización. Creo que la institución está en una situación bastante complicada, el Gobierno está jugando a una cierta ambigüedad y esa ambigüedad nunca es buena cuando se enfrenta una situación difícil como esta.