Luis Larraín y su advertencia sobre la reforma previsional: “No creo que lograr más acuerdos te mueva la aguja de las encuestas en el corto plazo”

Es de las pocas voces que, dentro del oficialismo, plantea una visión crítica de la tramitación que hasta ahora lleva adelante el Gobierno de la reforma previsional. Su rol desde el Instituto Libertad y Desarrollo, dice su Director Luis Larraín, es justamente el de pelear “los principios” de forma abierta, aún cuando al gobierno que dirige Sebastián Piñera no le guste lo que suene a fuego amigo.

Larraín prende una luz de advertencia: al proyecto que hoy debate la comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados -dice- le quedan muchas etapas de negociación y corre el riesgo de quedar desfigurado y lejos de los principios que importan al sector.

En una columna en a Tercera usted advirtió de que en esta reforma hay “vetos socialistas y puras imposiciones ideológicas”.
En el último acuerdo con la DC y el PS, que es cuando aparece el Consejo Administrador de Seguros Sociales (CASS), hubo un retroceso, y lo que a mí me preocupa es que todavía quedan etapas de negociación. Acá hay una cuestión ideológica. El lunes, conversando con Fernando Atria en la radio, dijo “queremos que el sistema de pensiones sea lo menos privado posible y lo más estatal posible”. Y nosotros queremos lo contrario. Esto es un tironeo. Yo no soy de la crítica fácil tipo José Antonio Kast y entiendo que el gobierno tiene que negociar. Pero así como tiene al frente gente que quiere tironearlo hacia un sistema más socialista, nosotros tenemos un rol y tenemos que advertir cosas que exceden lo conveniente. Por ejemplo, para nosotros la creación del CASS transgredió un límite, que es que vamos a tener al menos un seguro administrado por un ente estatal, y eso no existía desde que se terminó el Instituto de Seguros del Estado. Probablemente eso fue para subir al socialista que votó en la comisión. Aquí hay límites que no se deben traspasar.

¿El gobierno ya entregó parte de sus principios en esta negociación que recién comienza?
Esto tiene un límite superior e inferior. El gobierno lo que no ha entregado es que no hay plata de cotización que vaya a la cuenta de otros. Acá hay un sistema de capitalización individual, ha cambiado quien lo administra, pero lo que no ha cambiado es que yo no voy a ahorrar plata para pagarle la pensión a otro.

¿Y eso no lo van a entregar?
Yo creo que no. La única manifestación que se parece a eso, pero que es distinta, son los seguros. En los seguros la lógica es que tú cotizas, todos cotizan para un fondo, y esa plata no se gasta en todos sino en algunos. Y esos algunos están definidos por una condición, por ejemplo, una dependencia severa. Desde el punto de vista de los principios es distinto un seguro a un reparto a la cuenta de otros porque el seguro tiene una razón de ser, es porque el señor está dependiente y hay que ayudarlo, pero no es porque el tipo fue más negligente, ahorró menos de lo que necesitaba. Ese es el principio que no queremos romper.

Queda mucha tramitación. ¿Estos puntos son innegociables?
Estamos peleando en la cuerda, y Osvaldo Andrade, Lagos Weber, y algunos DC están tratando de llevar al gobierno a un proyecto muy distinto al que presentó originalmente. Y nosotros estamos tirando la cuerda para el otro lado, diciendo “no vamos a aceptar que eso ocurra”. ¿Cuál va a ser el resultado final? No lo sé. Yo creo que el gobierno tiene una disposición a llegar a acuerdos un poco mayor al que tendría yo, pero por otro lado también entiendo que digan “si no llegamos a acuerdo, entonces no hay reforma de pensiones”, y queda pendiente este problema. Como el sistema tiene algunas protecciones –en el sentido de que es iniciativa presidencial y alguna cosas tienen quórum especiales-, hacer una reforma tiene un valor. Pero eso no es infinito. Ahora, ¿cuándo te desfiguran el proyecto? Es discutible, pero alguien tiene que jugar el rol que estamos jugando nosotros de críticos al “ente”. Es un rol que estamos jugando honesta y abiertamente.

Llama la atención que hoy no hay oposición pública dentro de Chile Vamos, como sí se veía en el primer gobierno de Sebastián Piñera.
Yo creo que no están todos cuadrados. Hay un esfuerzo de las bancadas por ser más disciplinados, menos díscolos, no causar problemas por capítulos personales y eso ha inhibido las críticas internas. Pero sé que las hay. Y creo que eso al gobierno también le pone límites.

Al gobierno no le queda otra que negociar, no cuenta con mayoría en el Congreso.
La política se mueve entre una ética de las convicciones y una ética de la responsabilidad. Si tu realidad es que tienes minoría en el Congreso, entonces debes hacer lo que puedas hacer. Ese es el juego en el que estamos ahora y siempre hay un grado de discusión respecto de si te pasaste o no de la raya.

¿Esto se repite en las otras reformas, como la tributaria?
Sí, se repite en la tributaria pero quizás de manera menos dramática porque en el caso de las pensiones hay un declarado propósito de cambiar radicalmente la naturaleza del sistema.

Piñera II vs Piñera I: “Hay un progreso”

¿Se parece lo que está pasando hoy a algún capítulo del primer gobierno de Sebastián Piñera?
Piñera subió los impuestos y nosotros estuvimos en contra de eso, y hubo mucha gente que se molestó por eso. Lo que yo encuentro que está mejor en este gobierno que en Piñera 1 es el discurso.

¿Por qué?
Porque no estoy viendo a Piñera diciendo que el grave problema de Chile es la desigualdad, como lo dijo en el primer gobierno. O sea, se lo compró total. Hoy no está diciendo eso y por tanto hay un progreso. Él no lo va a reconocer nunca, creo, pero se dio cuenta de que se había equivocado. Que al final, si la discusión es sobre desigualdad, va a ganar la izquierda. Él nunca puede ser más corazón de abuelita que Michelle Bachelet, y creo que se convenció de eso. En ese sentido ha sido mejor este gobierno que el otro. Y porque también tienen en cuenta que su primer gobierno fue sucedido por un gobierno que del signo contrario. No sembró. Ahora sí está preocupado. Eso hace que el discurso sea más ortodoxo. Eso ha mejorado.

Si es así, ¿por qué mucha gente que votó por Piñera no está aprobando su gestión?
La verdad es que por un lado está la crítica fácil, y creo que hay un escenario propicio para eso. Creo que es exagerado: todo el mundo está hablando de las expectativas, que el Presidente no ha cumplido. Pero acaba de salir la última proyección del FMI, que dice que Latinoamérica va a crecer un 0,6%, y Chile va a crecer 3,2%. Y un 3% es bastante más que 0,6%. Como que se le exige mucho, y desde ese punto de vista la crítica es injusta. Los propios están en esta cosa de que se transa mucho. Pero no todos entienden las complejidades de lo que significa un congreso en contra y todo lo demás. El 50% de las cosas que dice José Antonio Kast se puede responder con una sola frase: “Tenemos minoría en el Congreso”.

“El presidente tiene el tema de las encuestas metido en el ADN”

¿Hay nerviosismo por la caída en las encuestas?
Hay preocupación, el presidente tiene el tema de las encuestas metido en el ADN. Y por tanto siempre mira ese tema. Ahora, creo que las encuestas hay que mirarlas pero hay que saber leerlas también. Y lo que están reflejando es que la gente no está contenta con el gobierno por una serie de razones pero tampoco es una debacle. Si uno mira las encuestas de diferentes presidentes alrededor del mundo tampoco hay muchos que estén por arriba del tercio de apoyo. Lo importante es saber mirar la proyección y sacar las conclusiones adecuadas.

En ese sentido, ¿mostrar un acuerdo -por ejemplo, en el tema previsional- es relevante? Fue también el principal discurso de la campaña.
No creo que lograr más acuerdos te mueva la aguja de las encuestas en el corto plazo, puede que sea incidente para dos años más, cuando estés evaluando qué pasó y si a este gobierno lo va a suceder uno de su propio signo o uno del otro lado. Ahí va a ser importante si las aprobaste o no las aprobaste, pero para el corto palzo, para la Cadem, no creo que influya.

El gobierno quiere apurar la tramitación de sus reformas, y al menos la de pensiones quiere sacarla para fines de año. ¿Está La Moneda contra el tiempo?
Ahí entra otra realidad, que también le pone un problema al gobierno, que es cuando tienes todas las pelotas en el aire, la sensación global de la mirada de la ciudadanía sobre el gobierno decae, y creo que esa es parte de la explicación de la baja del apoyo. En la baja del apoyo hay también apoyo propio… hay gente de derecha que tiene esta sensación de que no hace las cosas que tiene que hacer, que transa mucho. El timing es otra cosa que complica.

Por otra parte, se vienen dos años electorales, se tienen que empezar a mostrar resultados. 
Eso se ha discutido harto internamente en el gobierno, concentrarse más en algunos temas. Creo que el mayor ritmo que le han puesto a la tramitación ahora obedece a esto. El gobierno tiene que ‘descongresizar’ (sic) la agenda, y para eso necesita que sus proyectos terminen luego. Y después, los años que vienen son electorales, donde son más importantes cuestiones que la gente percibe en su realidad diaria, más que estas reformas cuyo efecto se percibe más a largo plazo. Yo sé que es una discusión interna dentro del gobierno: cuánto focalizar la acción del gobierno y hasta dónde seguir tirando proyectos. Por ejemplo, los proyectos institucionales de Andrés Chadwick. Hay una voluntad de avanzar en ese tema, pero nadie pretenda que de las seis instituciones sobre las que se quiere plantear reformas, que quede hecha más de una o dos, las más urgentes.