En Venezuela, cuando se habla de la figura y legado de Hugo Chávez, que gobernó el país entre 1999 y 2013, no hay términos medios. La imagen de Santo y Satán han seguido vivas, especialmente cuando se conmemora el primer aniversario de su muerte tras una larga lucha contra el cáncer, en medio de un desfile cívico militar al que asistirán los gobernantes de Bolivia y Nicaragua, y protestas nacionales que han cobrado la muerte de 19 personas en tres semanas.
Quién lo advirtió prontamente fue el Nobel Gabriel García Márquez tras un encuentro en La Habana con Fidel, señalando que en Chávez hay dos personas radicalmente distintas: "Una a la que los caprichos del destino habían ofrecido la oportunidad de salvar a su país; la otra, un ilusionista que podría pasar a los libros de Historia como otro déspota más". Ambas visiones reflejan rasgos de éste personaje y que se evidencian hasta hoy en los discursos de sus seguidores y adversarios.
Desde la reelección del año 2000, Chávez anunció su decisión de afrontar una profunda transformación de las estructuras económicas y sociales del país, eligiendo el camino de la polarización política. "Esta estrategia le aportó buenos dividendos al chavismo en 19 enfrentamientos electorales, sumados a su carismática personalidad; su discurso nacionalista, militarista y populista; su capacidad de oratoria y preocupación por la redistribución de la riqueza; las que marcaron sus acciones para llevar a cabo su Revolución Bolivariana", comenta Claudia Hernández, investigadora del Programa Sociedad y Política de LyD.
La polarización que se vive, producto de 15 años de chavismo y un año de sucesión de su delfín Nicolás Maduro, ha contaminado los análisis políticos con una lógica de buenos o malos, empobreciendo el debate intelectual sobre lo que está pasando en ese país. No obstante, hay datos objetivos que permiten hacer un balance de su gestión.
Un legado de polarización
"El chavismo como fenómeno político ha sido un proceso de inclusión social y de construcción de nuevas elites, generando lealtades que no se degradan fácilmente", comenta la cientista político. De ahí que para muchos, los 19 procesos electorales realizados en Venezuela desde 1999 hasta la fecha, han legitimado moral como políticamente la figura de Chávez, al punto de considerarlo un "demócrata que intentó construir un país sin exclusiones".
Pero como señala el director para las Américas de Human Right Watch (HRW), José Miguel Vivanco, "en Venezuela no hay instituciones democráticas". Como se aprecia en la escala de Polity IV, un régimen político puede considerarse democracia si puntúa entre 8 y 10 puntos, democracia parcial si puntúa de 0 a 7, y dictadura si el índice es negativo. De esta manera, Venezuela sería considerada una democracia hasta 1998, una democracia parcial hasta el 2008, y a partir de entonces una autocracia.
En efecto, Hugo Chávez, cumpliendo con su promesa de transformación radical del país, logró "acabar" con los partidos políticos tradicionales, actuó como un caudillo autoritario que secuestró el Estado y manipuló las instituciones a su voluntad. Por su parte, también la oposición contribuyó cometiendo graves errores en el pasado que favorecieron la consolidación del chavismo, pero que ahora se esfuerzan por resolver. Su estrategia se inició con un fallido golpe de Estado el año 2002 y continuó con huelgas, protestas callejeras, denuncia de fraude electoral y retiro de las elecciones hasta fragmentarse en pequeños grupos. "Ese error implicó que los opositores le regalaran a Chávez el control total del Ejército, del petróleo, de la justicia, del Parlamento y del poder electoral", explica Hernández.
Sin embargo, a pesar de la renta del petróleo y el control de las instituciones, su modelo de revolución socialista no obtuvo los resultados esperados ni tampoco Maduro logró detener el lastre en materia económica gestada durante ambas administraciones. La receta nuevamente fue aumentar el intervencionismo y coartar la libre iniciativa. Avanzando en la regulación de precios y control de las ganancias, que no sólo demostraron ser ineficaz sino que agudizaron los problemas del país.
Con una amplia intervención cubana, y careciendo del carisma de su mentor, Maduro no pudo detener la grave crisis económica ni administrar el capital de 14 años de programas de gasto social que beneficiaron a segmentos vulnerables de la población. En menos de un año a su mando, Caracas y varias ciudades del país han sido escenario de manifestaciones por la inseguridad y se reclama poner fin a la creciente crisis económica, con 23% de escasez en enero y una inflación anualizada de 56,3%.
La ausencia de Chávez ha hecho más visible las dificultades que vive Venezuela. La crisis económica, la inseguridad y la violencia política han sido los factores que han incentivado la protesta social, que a pesar de ser potentes argumentos, no son aún suficientes instrumentos para poner término a esta revolución socialista que ha empobrecido y polarizado al país. Para Hernández, ahora es cuándo la oposición se debe unir y convertir en mayoría, superando las arbitrariedades antidemocráticas, y así retomar el protagonismo de la historia venezolana.