DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: ¿CÓMO ESTAMOS?

Este 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer en el marco de múltiples convocatorias a manifestaciones y marchas.

“No cabe duda que nadie podría restarse de una causa que busca la no discriminación de la mujer, la igualdad de oportunidades en todas las áreas para todas nosotras, así como la lucha contra la violencia; en definitiva, que apunta a ampliar la libertad y el espacio de oportunidades para todas las mujeres”, enfatiza la Subdirectora de Políticas Públicas de Libertad y Desarrollo, Bettina Horst. 

Según Horst, un aspecto central para alcanzar lo anterior es avanzar en materia de libertad económica, ya que la experiencia internacional nos muestra que en países con mayor libertad económica las mujeres se encuentran más empoderadas y cuentan con mayor igualdad de oportunidades.  

Por otro lado, si bien siempre queda por avanzar, no se pueden desconocer los avances que hemos tenido en el país durante las últimas décadas en cuanto al rol de la mujer en los distintos ámbitos de la sociedad.

Revisemos la evidencia.

LIBERTAD ECONÓMICA Y OPORTUNIDADES

El estudio Impact of Economic Freedom and Women´s Well-Being del Instituto Fraser de Canadá, muestra que las mujeres que viven en países con mayores niveles de libertad económica cuentan con más y mejores oportunidades económicas, niveles más altos de educación y salud y mayor independencia financiera en comparación con mujeres que viven en países con menores niveles de libertad económica.  

Por ejemplo, la participación de la mujer en la fuerza de trabajo en promedio es de un 44,6% en los países con altos niveles de libertad económica, mientras que en los países con índices más bajos es de sólo un 23,5%.  Asimismo, en países de alta libertad económica sólo el 13,3% de las mujeres están ocupadas en trabajos vulnerables (generalmente asociados a trabajos sin contrato, sin prestaciones previsionales y en condiciones no deseables), mientras que en países con bajos niveles un 37,8% de las mujeres trabaja en tales condiciones. En los países con mayores niveles de libertad económica el 42,5% declara haber recibido un sueldo el año pasado, mientras que en los países de menor nivel sólo el 13,7% lo obtuvo.

Resultados similares también se observan al analizar el Índice de Desigualdad de Género elaborado por el PNUD de las Naciones Unidas. Este índice mide las desigualdades de género en tres aspectos importantes del desarrollo humano: 1. la salud reproductiva, que se mide por la tasa de mortalidad materna y la tasa de fecundidad entre las adolescentes; 2. el empoderamiento, que se mide por la proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres y la proporción de mujeres y hombres adultos de 25 años o más que han cursado como mínimo la enseñanza secundaria; y 3. la situación económica, expresada como la participación en el mercado laboral y medida según la tasa de participación en la fuerza de trabajo de mujeres y hombres de 15 años o más. Cuanto más alto es el valor del Índice de Desigualdad de Género, más disparidades hay entre hombres y mujeres.

Considerando los 149 países para los cuales se elabora el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute y el Índice de Desigualdad de Género del PNUD, se observa que en promedio los países con mayor Libertad Económica presentan también una menor desigualdad de género. Por ello es importante tener presente que todas aquellas acciones que restrinjan la libertad económica atentan directamente contra las posibilidades de desarrollo de las mujeres y su participación en los distintos ámbitos de la sociedad. 

“Las políticas públicas tienen que velar por remover los obstáculos para que las mujeres puedan libremente optar a desenvolverse en los distintos sectores de la sociedad. Al Estado se le debe exigir que legalmente no haya barreras que dificulten o bien reduzcan las posibilidades de desarrollo de las mujeres”, dice Bettina Horst. Por ello, explica la economista, iniciativas legales tales como las que buscan facilitar y promover el teletrabajo, una legislación laboral más flexible para compatibilizar familia y trabajo (ello tanto para hombres como para mujeres), son iniciativas que, sin duda, abren más opciones a las mujeres para incorporarse a la fuerza laboral y, a partir de ello, contar con más oportunidades.  

¿Y EN CHILE?

Para efectos de la discusión pública es importante tener presente como ha evolucionado la situación de la mujer en nuestro país, así como también su posición en relación al resto del mundo. 

De acuerdo a la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN), en Chile la tasa de participación de la mujer en el mundo laboral alcanza casi al 50%. Si bien es inferior a la de los hombres, ha mostrado una evolución importante desde el año 1990. Ello ha sido consistente con los períodos en los cuales la economía chilena ha venido generando más y mejores empleos y otorgando más oportunidades a las mujeres en nuestro país. Así la tasa de la participación laboral de la mujer el año 1990 fue de 32,5% y aumentó a un 48,9% el año 2017, mientras la tasa de participación de los hombres disminuía levemente, pasando de un 73,6% a un 71,6% en el mismo período. En el caso de la ocupación, en 1990 la tasa era de un 29,4% para las mujeres, aumentando a un 44,6% el año 2017; mientras que la de los hombres se redujo desde un 67,9% a un 66,5% en igual período. Si bien se mantiene una diferencia importante en estos indicadores, al comparar la realidad de hombres y de mujeres resulta indiscutible que la tendencia refleja una cada vea mayor inserción de las mujeres en los ámbitos laborales. 

En cuanto a la brecha salarial entre hombres y mujeres, diversos estudios han intentado medir y explicar la diferencia que se observa. En el estudio del Centro de Estudios Públicos “Brecha salarial de género: evolución en el período 1990-2017”, elaborado a partir de los resultados de la encuesta CASEN, se concluye que la brecha se ha reducido desde un 35,2% el año 1990 a un nivel de 18,1% en 2017. Esto, corrigiendo por el sesgo de selección, en cuanto a que la decisión de una mujer de participar en el mercado laboral está sujeta a condiciones socioculturales que no afectan en la misma medida a los hombres: sin duda que la maternidad es un elemento diferenciador entre hombres y mujeres.

La pregunta que queda por hacer es si la brecha que aún se observa puede ser atribuida a discriminación. La respuesta no es sencilla, ya que para poder efectivamente hablar de discriminación contra la mujer se debe contar con información mucho más detallada de la que se obtiene a partir de la encuesta CASEN. Sólo se puede hablar de discriminación si se encuentran diferencias salariales al interior de una misma empresa y en relación con un mismo trabajo y para ello lamentablemente no se cuenta con información sistematizada al respecto. 

En la siguiente tabla se presenta la situación de Chile en relación al total de países que cuentan con un nivel de Desarrollo Humano (IDH) Muy Alto (grupo al que pertenece Chile) en relación a los componentes que considera el Índice de Desigualdad de Género elaborado por el PNUD ya mencionado con anterioridad. En términos generales se observa que en materia de salud reproductiva es donde mayor brecha presenta Chile en relación al grupo de países con un IDH muy alto, sobre todo, en la tasa de fecundidad de adolescentes. En cuanto los indicadores que miden empoderamiento, el porcentaje de escaños en el Parlamento ocupados por mujeres, si bien es algo inferior al promedio de esos países, la brecha no es tan significativa. En cuanto al acceso a educación secundaria, tanto en el caso de las mujeres como de los hombres se observa una brecha similar en relación a los otros países. Pero la diferencia entre hombres y mujeres es prácticamente similar. En el caso de la situación económica, la situación de las mujeres -medido por la participación en la fuerza de trabajo- es similar a la de los otros países, mientras que la de los hombres es más alta en Chile.

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES E IGUALDAD DE RESULTADOS

Cabe tener presente que en la discusión pública se tiende a confundir lo que es igualdad de oportunidades con igualdad de resultados. Desde un punto de vista del diseño de las políticas públicas es relevante tener presente esa diferencia. Las discusiones en nuestro país, al igual que en todo el mundo, se centran en gran medida en indicadores que miden más que igualdad de oportunidades, igualdad de resultados. Así, indicadores como la participación de la mujer en el mercado laboral y las diferencias entre los ingresos generados por hombres y mujeres, vienen más bien a medir resultados y no necesariamente oportunidades o desigualdad de género. “En la medida que las mujeres cuenten con las mismas libertades que los hombres, si a partir de las elecciones particulares que cada uno hace en el ejercicio de su libertad sucede que en términos globales los resultados son dispares, ello no debe interpretarse como una restricción a sus libertades, a la capacidad de desarrollo de las mujeres o bien a discriminación. Si no, al legítimo ejercicio de la libertad de cada uno”, concluye Bettina Horst.