El 47% de los actuales parlamentarios no seguirĂĄn en el Congreso. Eso implica que tienen diciembre, enero y hasta la primera semana de marzo de 2026 para tramitar leyes que mejoren la calidad de vida de las personas o permitan contar con mĂĄs recursos para lograrlo. Muchas de las iniciativas que logran esos objetivos implican ir contra grupos de interĂ©s, lo que explica que no hayan avanzado. Pero, ahora que su reelecciĂłn no estĂĄ en juego, bien harĂan en votar por lo que es correcto y no por lo que pueda parecer popular. TambiĂ©n en aprobar cosas poco atractivas, pero Ăștiles. Incluso, en redirigir discusiones hacia objetivos mĂĄs acotados, pero realizables.
Lo mĂĄs evidente es evitar que se sigan produciendo los abusos con licencias mĂ©dicas que denunciĂł la ContralorĂa. Desde julio hay un proyecto de ley en el Senado âimperfecto, pero un gran avanceâ que inexplicablemente no ha avanzado en su tramitaciĂłn. En medio de una transversal coincidencia de la necesidad de mejorar el gasto pĂșblico, esta es una herramienta que permitirĂa administrar mejor los $2,8 billones que se gastaron por este concepto en 2023 (Ășltimo dato disponible).
Una instituciĂłn que se dedique a estudiar la eficacia del gasto pĂșblico no parece el legado mĂĄs sexy de un parlamentario, pero puede hacer la diferencia en cĂłmo asignamos los siempre escasos recursos fiscales. En ese sentido, la Agencia de la Calidad de las PolĂticas PĂșblicas, otro proyecto que requiere ajustes, pero que estĂĄ bien orientado, ayudarĂa a terminar con programas que no cumplen sus objetivos o cuyos fines ya no son prioritarios.
Entre los proyectos que requieren cambios mĂĄs profundos estĂĄ el de Sala Cuna Universal. Mucho se ha discutido sobre el impacto en trabajo formal de la nueva cotizaciĂłn, pero poco se ha reflexionado sobre el mayor costo que significa la obligaciĂłn de la empresa de financiar la diferencia entre lo que pondrĂa el Estado y el costo efectivo que pagan las familias. Se han propuesto alternativas: un subsidio diferenciado, que permita eliminar el copago para los mĂĄs vulnerables y que sea decreciente para los hogares de mayores recursos, serĂa un mejor camino para evitar el impacto en el empleo y para focalizar el gasto pĂșblico.
Finalmente, los 97 parlamentarios que dejarĂĄn el Congreso no deben dejarse seducir por los cantos de sirena del nuevo sistema de financiamiento para la educaciĂłn superior (FES). La Moneda puso todas sus fichas en aprobar un proyecto de ley desfinanciado y que solo se sostiene por medidas anexas, por ejemplo, posponer la ampliaciĂłn de la gratuidad, que se pueden considerar sin necesidad de aprobar el FES. Por eso parece mĂĄs viable acordar un paquete de mejoras a las condiciones del CAE y que, tal como se hizo en 2012, considere reprogramaciones para los deudores morosos.
Columna de Pablo Eguiguren, Director de PolĂticas PĂșblicas, publicada en La Segunda.-